Jueves, 13 de agosto de 2020

El reparto del pastel autonómico

Tiene mérito que el gobierno mantenga la calma ante el permanente incordio obstruccionista de la derecha montaraz (PP, Vox) en una situación tan difícil como la que atraviesa el país; pero no menos meritorio es mantener el contacto con las comunidades autónomas, tratando de equilibrar la necesaria coordinación general ante la crisis y los diferentes contextos y exigencias territoriales.

Que estos contactos, de los que ya ha habido trece, tengan el formato de videoconferencias limitadas a una intervención sucesiva de los presidentes autonómicos y a la del jefe del gobierno central, que abre y cierra la reunión virtual, tampoco debe de facilitar las cosas. A futuro, sin embargo, lo más peliagudo será atender las demandas de todos los sectores económicos y sociales afectados por la catástrofe, que son casi todos. Contanto ruido de fondo, es como intentar reparar la maquinaria de un reloj mientras te gritan y empujan por todas partes.

Tampoco habría que olvidar la dificultad de las gestiones realizadas dentro de la Unión Europea, demandando un plan de ayuda especial para la recuperación tras la crisis del Covid o negociando la reapertura del turismo. No estaba claro al principio que los países del norte fueran a dar su brazo a torcer y ha habido que convencerles de que tampoco les beneficia a ellos –ni a la UE en conjunto– el hundimiento de los países del sur; ahí el gobierno español ha debido activar un frente junto con otros países. Finalmente son 750.000 millones de euros los destinados a ese plan para el presente ejercicio, de los que España recibirá unos 144.000, casi el 20 %, de los que algo más de la mitad son transferencias directas y el resto préstamos, siendo el segundo país más beneficiado.

Ese fondo se ha distribuido entre los países miembros con criterios económico-sociales (población, PIB y tasa de desempleo) y luego teniendo en cuenta el impacto de la propia epidemia y los gastos generados por ella. Con pautas semejantes a las de la U.E, el gobierno español va a repartir 17.000 millones entre las autonomías y Ceuta y Melilla. Pero he aquí que la mayoría de los presidentes autonómicos ya han puesto el grito en el cielo, pues casi todos piensan que deberían recibir más y consideran –aunque no todos lo dicen– que algunos reciben trato de favor.

No es la primera vez que ocurre esto y es difícil no ver en esa actitud lo que Freud llama "la trasformación de los celos en un sentimiento colectivo", algo que caracteriza a la psicología infantil pero también al espíritu de cuerpo o institucional. Se intuye que el Padre estado no puede dar a todos el trato de favor que guarda para los elegidos y así la exigencia es "la justicia y un trato igual para todos… Ya que uno mismo no puede ser el preferido, por lo menos que nadie lo sea. (…) Nadie debe querer sobresalir, todos deben ser y obtener lo mismo” (S. Freud, Psicología de las masas). Pero sean cuales sean los criterios barajados para el reparto, es difícil satisfacer esa demanda y dar con un enfoque que satisfaga a todos. Por eso parece razonable usar criterios parecidos a los de la Unión Europea en el reparto.

En todo caso, este es un aspecto más de las dedicadas tareas de un gobierno que debe atender con urgencia a distintos flancos, como una partida de ajedrez simultánea. Desde luego que habrá criterios y líneas de acción diferentes y quizá la oposición haría bien centrándose en ofrecerlos y debatirlos. En cuanto al reparto de los fondos, si el formato de las videoconferencias deja insatisfechos a los participantes, cosa comprensible, podrían buscarse foros alternativos.

Por ejemplo, si el senado fuera una verdadera cámara de representación territorial, sería el lugar más adecuado para albergar debates como este entre las comunidades autónomas y el gobierno y entre ellas mismas. Pero antes habría que reformarlo a fondo. Algo que empezó Juanjo Laborda en su época, dotando de sauna y gimnasio al edificio, pero ahí quedó la cosa.

(Foto: Europa Press)