"Evocaciones", de López Novoa Épica y desencanto del sentimiento amoroso

            Para bien o para mal, el amor es siempre un sentimiento caudaloso. Los poetas que en el mundo han sido (son y serán) lo dejaron (dejan y dejarán) cristalinamente plasmado en sus enseres literarios.

 “El amor salva”, concluye en una coda última el Tenorio: la oración final a un asesino juerguista y depredador. ¡Y es tan oceánico el amor, tan complejo, hermoso, placentero, enrevesado, inútil, pasajero y siniestro al mismo tiempo…! Es un sentimiento multiplicador y multidisciplinar, es decir, abarca ciencias diversas como la psicología, la psiquiatría, la pedagogía, la criminología, la tontería… y una amplia gama de colores difusos y enrevesados, como la magia, la ilusión, la esperanza, la violencia, el agobio, la codicia, la humildad, el éxtasis, los celos o la nostalgia. Y antiguamente la numismática porque aquellas impagables cartas amorosas de nuestros padres y abuelos si no llevaban sello, no llegaban.

 La paleta pictórica del amor, entendido como recurso poético establecido en el gremio desde la Edad Media, tiene, como ven, más flecos que la capa de un tuno.

 Otra cinta de esa capa es la evocación. Y así se llama el libro de versos que nos brinda desde hace estas semanas pandémicas José Miguel López Novoa. “Evocaciones” Con un subtítulo muy becqueriano: “Hoguera de amor y llama de olvido”. Ambos fraseos explican a su vez las dos partes de que consta el libro, publicado por Letrame.

 Doctor en Biología y catedrático de Fisiología, López Novoa, responde perfectamente al refrán castellano de “El hábito no hace al monje”. Tras la piel de un honorable y alto científico, eclosiona un poeta de luminosidad peculiar y apasionado lirismo.

 Amasar el pan del amor en la poesía es peligroso: lo cursi acecha a la vuelta de la esquina. Retahílas como la primavera, la luna, las estrellas, el mar… se le hermanan en lo manido y llorón. Por eso, enredarse en el muro del amor versicular requiere un tono muscular adecuado para saltarlo con fluidez sin caer en el abismo de lo tontorrón.

 Y, a mi juicio, esa tensión muscular la enseña López Novoa evidenciando horas de gimnasio en su fondo de armario poético. No en vano sus evocadores son gente de la talla de: Antonio Gamoneda, Pedro Salinas, Miguel Hernández, Pablo Neruda, Antonio Gala, Juan Gelman Juan de la Cruz, Blas de Otero, Miguel Hernández, José Ángel Buesa y Quevedo, por citar unos cuantos.

 A mí me ha evocado lecturas amorosas de poetas castellanos de la Edad Media, como Jorge Manrique cuando escribe:

Es amor fuerza tan fuerte/que fuerza toda razón/una fuerza de tal suerte/ que todo el seso convierte/en su fuerza y afición/. Una porfía forzosa/que no se puede vencer/cuya fuerza porfiosa/ facemos más poderosa/queriéndonos defender.

 Emociones y evocaciones, la poesía de José Miguel López Novoa es sincera y amorosamente letal. Apunta maneras.