Ya llega la nueva política ferroviaria.

Según parece se ha iniciado la nueva realidad económica tras la pandemia sanitaria. El gobierno de España, conformado por dos partidos declaradamente progresistas (y con algunos notables ecologistas en sus filas), apunta una nueva política ferroviaria: cerrar servicios. Desde luego no es nada nuevo por estas tierras. Desde 1985 así se afronta la apuesta por el ferrocarril en territorios tan boyantes como el de la provincia de Salamanca.

Entonces cerrando vías férreas que ahora se desmantelan, por si acaso alguien tiene alguna rara tentación. Previamente se gestionó la infraestructura y el servicio ferroviario repeliendo a los viajeros. Sumándose a diversas políticas alentadoras del abandono de territorios por parte de sus habitantes. Luego siguieron desapareciendo más servicios y relaciones directas con otras ciudades y localidades del país, sin considerar su utilidad social.

Unas migajas, gracias al señor Aznar, salvaron la relación con Madrid por Ávila, sin evitar mantener una vaga amenaza sobre su futuro. La Alta Velocidad al noroeste de España nos devuelve al siglo XIX, el nuevo notable avance supone ir a Madrid por Medina del Campo como entonces. Al menos ahora es más rápido que nunca, incidencias aparte. Mientras, desaparecen relaciones históricas directas con Barcelona o el Norte de España.

Ahora ¿le ha tocado el turno al Tren Nocturno Lusitania entre Madrid y Lisboa por Salamanca?. Una línea que llegó de rebote a nuestra provincia, todavía hay quien está peor. La disculpa para su ¿suspensión/desaparición? también es una novedad: pérdidas económicas. A pesar de seguir siendo un servicio público, y Renfe una empresa pública dependiente del Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana.

Es posible que el virus tarde en dejarnos, provocando seguramente un cambio en la movilidad y medidas especiales durante tiempo. Pero todavía no se conoce ningún trabajo de análisis de esta nueva realidad, tanto del ferrocarril como de los territorios a los que sirve. Es a partir de ahí desde donde replantear las cosas, sin perder de vista la Estrategia de Movilidad Sostenible y los diferentes compromisos de todo tipo contraídos por el Estado al respecto. Se le supone a la Administración trabajando en ello. 

Aunque parecen estar más entretenidos en salvar con dinero público al medio de comunicación más contaminante, la aviación, o en cómo estirar la supervivencia de la muy problemática carretera. Nada de aprovechar para repensar la movilidad, o cómo reconvertir industrias y modelos de futuro dudoso, para evitar crisis laborales profundas como las de los años 80 y 90. No hay que cambiar el modelo económico, apuntan algunos. Claro que nuestra capacidad de decisión económica real no parece muy grande, para ser un país tan importante según dicen.

La Asociación Ferroviaria Española MAFEX, que representa al 92% de la industria ferroviaria española, ha sacado una Nota de Posicionamiento. En ella recuerda la importancia de este medio de transporte para afrontar un futuro más sostenible.

La contaminación (y su papel en la propagación del virus), el Cambio Climático, la sobreexplotación de recursos para el crecimiento económico infinito en una Tierra con dimensiones finitas, y todos los problemas de carácter ambiental que nos acechan (o nos atacan como la actual crisis sanitaria), no tienen importancia. Es mejor seguir sin aprender nada, aunque se agudicen los problemas de fondo.

Desde luego no hay nada más seguro ahora que un avión lleno de pasajeros. Como todo el mundo sabe a un tren no se le pueden unir vagones para mantener su capacidad de transporte en situaciones como esta. O mejor todo por la carretera, pensando en el futuro. Así celebramos el Día Mundial del Medio Ambiente.