Viernes, 27 de noviembre de 2020

Sin ti no soy nada

Pues tras asistir a una nueva sesión para la aprobación de la que dicen será la última prórroga del estado de alama protagonizada, como las anteriores, por unos cuantos fantoches escupiendo discursos que nos retrotraen a época que parecían ya superadas en la evolución de la inteligencia humana, lo cierto es que cada día que pasa está uno más harto y el motivo no es precisamente el confinamiento.

Pero hay que seguir en el tajo, trabajando para no perder el tiempo, y para hacerlo no necesitamos patrioteros que presuman engañosamente de hablar en nuestro nombre y arengar a sus tropas, necesitamos líderes que hagan cosas reales por la gente. No es honrado, no es decente, estar mercadeando con la salud de todos, ofreciendo un sí o una abstención a cambio más dineros para mi comunidad o más representación para mi partido en una mesa de negociación. Es de vergüenza señores, porque o se está de acuerdo con que es bueno para los ciudadanos prorrogar la situación de alarma, o no se está, lo demás son tejemanejes. Cómo hace un par de día apuntaba acertadamente Iñaki Gabilondo: Sólo espero que los españoles estén tomando nota.    

En esta nueva anormalidad que antes o después se normalizará y que ya se anuncia ¿Seguiremos jugando a que no ha pasado nada? ¿Nos empeñaremos en parchear la situación para disfrazarla de naturalidad? ¿Habrá algún partido político, colectivo o agrupación de ciudadanos que tengan lo que hay que tener en estos casos, para proponer proyectos a futuro con visión de estado y no pensando en las próximas elecciones? ¿Alguien, con lo que hay que tener en estos casos, será capaz de poner fin a este discurso grosero, fuera de la realidad y partidista que más parecen estudiadas trifurcas de Sálvame, que debates en un Congreso de Diputados que se supone representa a la ciudadanía? Todos tienen que aceptar que sin los demás no son nada , si lo hicieran las cosas serían muy distintas.

En fin, nada nuevo bajo el sol en esta España nuestra, de TODOS no de algunos,pero fuera de ella están pasando muchas cosas que dado nuestro ensimismamiento nacionalista y la ensordecidora por broca local, no sabemos. Un ejemplo.

Los extraordinarios gastos que, a todos los niveles, está ocasionando esta pandemia, coloca en gravísimo riegos a más de 80 millones de niños en muchos países en desarrollo de todo el mundo, niños y niñas que se verán privados de vacunas contra enfermedades tan devastadoras como el sarampión, la polio y la difteria o de tratamientos contra la meningitis, el tétanos, la poliomielitis, la fiebre tifoidea o la fiebre amarilla, a lo que se deben sumar el coronavirus y el hambre. Muchas naciones y Organizaciones No Gubernamentales han vistos recortados sus recursos y han suspendido campañas en marcha.

Hoy nuestro país destina a este tipo de ayudas menos del 0,19% de su Producto Interior Bruto, un porcentaje a años luz de aquel 0,7% al que se comprometieron hace más de 30 años, y muchas administraciones ya están recortando este tipo de fondos para atender sus propias necesidades frente a la pandemia.

Mientras pedimos a voces la solidaridad de Europa se la negamos a media Humanidad. Estamos inmersos en un sálvese quien pueda, una huida hacia adelante cuyas consecuencias terminaremos pagando todos. Pero nuestros congresistas y senadores continúan despellejándose, envueltos en banderas y programas extremistas, por una nota interna que alguien escribió sobre alguien que no quiso hacer algo, o negando su voto a la prolongación del estado de alarma porque su Comunidad recibirá menos fondos que otras. Como ya dije la pasada semana, nuestra tribu política – ya no alcanza el nivel de “clase” - vive en realidades paralelas.

El que fuera emperador romano allá por el siglo II, Marco Aurelio, escribió: Pues hemos nacido para colaborar, al igual que los pies, las manos, los párpados, las hileras de dientes, superiores e inferiores. Obrar como adversarios los unos de los otros, es contrario a la naturaleza.

Si la pandemia ha puesto algo de manifiesto es, sin duda, nuestras enormes limitaciones como seres humanos y como civilización. El COVID 19 ha sacado a la luz nuestras vergüenzas, nuestras debilidades como individuos, como miembros de provincias, también de comunidades autónomas, naciones o continentes, dejando muy claro que por separado no somos NADA.

Esa necesidad mutua para vencer a un minúsculo virus debería hacernos pensar como sociedades humanas “avanzadas”, y por eso, dado que ya estaremos en verano cuando esto acabe, propongo que salgamos a la calle vistiendo una camiseta en la que, escrito en letras grandes, confesemos con humildad y abiertamente a todos los que se crucen con nosotros: Sin ti no soy nada.