Jueves, 13 de agosto de 2020

¿Vale todo contra el gobierno?

 

Mentira parece que sean ustedes intelectuales… ¿Qué dejan para los analfabetos?

(Valle Inclán. Luces de bohemia)

A veces es deprimente pensar que lo que pasa en las Cortes refleja la sociedad española. Pero así debe ser, pues los partidos manifiestan la voluntad popular y "expresan la pluralidad política de esta”, según la Constitución (artículo 6º). No cabe pensar que, siendo tantos/as los diputados y senadores, en conjunto sean mucho mejor o peor que el resto de españoles. Sin embargo, podría ocurrir que los focos y las resonancias mediáticas efectúen esa alquimia perversa que Valle Inclán atribuía a los espejos del callejón del Gato y nos dieran el Esperpento, la deformación grotesca del circo parlamentario, que es a su vez la caricatura del país.

Ya empezó el bochorno con el debate de investidura. Frente a un gobierno de difícil gestación y rodaje por su novedosa y variada composición, la oposición no dio tregua. Se presentó, bien o mal, un programa de gobierno y el llamado "jefe de la oposición", en una intervención de 40 minutos apenas destinó cuatro a debatirlo y ofrecer alternativas. El resto fueron insultos y descalificaciones.

Y en esas seguimos. Hasta veintiún invectivas distintas ha llegado a formular el citado leader al Presidente del gobierno en un mismo alegato. Con reiteración cansina y redundancia (usando traidor a la vez que felón y desleal, que vienen a ser lo mismo, pero así insulta por triplicado; incapaz e incompetente; ilegítimo y deslegitimado, y así sucesivamente. ¿No se ha pasado un poco con tanto insulto? "No son insultos, son descripciones", responde este virtuoso del ultraje y de la ocurrencia chusca, que él cree genial. Denigra así tanto al presidente Sánchez como a la democracia española, de cuyo ejercicio ha salido un gobierno perfectamente legítimo.

Damos ahora un salto cualitativo en ese proceso de encanallamiento. Podría esperarse, si no el apoyo, al menos una tregua en atención a las emergencias graves por las que atraviesa el país, como más o menos ocurre en otros países el entorno. Aunque solo fuera por el patriotismo ese que las derechas invocan con sus banderas. Además, la actuación política en este caso viene determinada por exigencias técnico sanitarias, quedando la instancia política como mero servidor de aquellas. No hay líneas de acción alternativas, ni se han planteado. Así lo evidencia el hecho de que los problemas, imprevisiones y cambios de criterio –ante una catástrofe insólita– no hayan sido muy distintos en España que en otros países. Pero ni por esas.

En este contexto, el vergonzoso episodio del informe de la Guardia civil sobre el 8M acabará viéndose como lo que es: un zarpazo traidor –este sí– al Estado y al gobierno españoles, tremendo en sí mismo y más como síntoma de la podredumbre de ciertas covachuelas del Estado. Pues aquí la afrenta es grave y su intención siniestra. Decir, como se dice, que “el Gobierno conocía la gravedad real de la epidemia” y los peligros derivados de celebrar reuniones y manifestaciones es tanto como hacerle reo no ya de prevaricación, sino de homicidio masivo por no haber tomado medidas para evitar la catástrofe. Y no sabemos si es más deleznable que el “informe” se base en errores y manipulaciones o que se filtre de inmediato para producir la avalancha de basura mediática que vemos. ¿De qué honor habla la Guardia civil si ni siquiera el Gobierno puede confiar en sus mandos, que son cargos de confianza?, ¿quién saca utilidad de esta fechoría, que deja la imagen de la Benemérita a los pies de sus caballos? Suma y sigue. Ya tenemos dos insultos más en la palestra: gobierno prevaricador y asesino.

Ya solo falta que nos mienten a la madre.