Lunes, 6 de julio de 2020

La Casa Lis, una sorpresa siempre renovada que hay que visitar de nuevo

El Museo Art Déco y Art Nouveau abre sus puertas con novedades, un horario de 11 a 14 y de 17 a 19 de la tarde y con un acompañante que entrará de forma gratuita
La Casa Lis ofrece novedades en su reapertura tras la cuarentena - Fotos: Carmen Borrego
Pasada la primera mitad de la calle de la Rúa, nuestro Barrio Antiguo está callado y quieto en estos tiempos extraños de confinamiento. Cerrado al turismo, cerrado al comercio, nuestro hermoso barrio, silencioso y sosegado, es un espacio de paseo insólito que de nuevo disfrutamos los salmantinos, reencontrándonos con la ciudad provinciana… y qué hermoso es, a pesar de todo, volver a la quietud de las calles y los lugares más íntimos, más nuestros…
    
Una oportunidad nueva de recorrer la ciudad y de ocupar sus espacios culturales sin prisas, sin aglomeraciones… con la calma con la que se mira en las aguas del Tormes la joya modernista de la Casa Lis, el espacio del que tanto nos enorgullecemos y que ahora, nos espera sólo a nosotros. Un Museo por el que apostó la ciudad, hizo suyo en los tiempos oscuros y que ahora nos recibe con los brazos tan abiertos como los de uno de sus personajes más queridos… el muñequito Kewpie elegido por la Casa Lis para mostrarnos el protocolo de estos tiempos de pandemia: distancia social, mascarilla, guantes, entrada escalonada, lavado de manos…Todo ello explicado por el pequeño Cupido lleno de gracia que creara Rose O´Neill. Un delicioso personaje de los relatos de la autora e ilustradora que se convertiría, primero de porcelana y después de celuloide, en uno de los muñecos más famosos del mundo y que habita, pieza original tan encantadora y traviesa como el momento en el que fue concebida en 1912, en la que es la muestra más completa de muñecas de porcelana de España. Un personajillo que no solo está lleno de encanto y tripita redondita, sino que fue obra de una de las más valerosas y tenaces mujeres a favor del sufragio femenino a principios de siglo.
 
Y es que la Casa Lis, aunque la visitemos una y otra vez, está llena de sutiles y hermosos detalles. Alzamos la cabeza y la vidriera central nos devuelve el tornasol de piezas en las que no habíamos reparado. Vamos hacia la izquierda, y disfrutamos de la exposición que fue bruscamente interrumpida por el cierre debido a la pandemia: “De Rubens a Van Dyck. La pintura flamenca en la Colección Gerstemmaier”, una prueba bellísima de que la pintura de los siglos XV y XVIII se hizo magistral en el retrato –los grabados de hombres ilustres son un prodigio de técnica- y que los centros de frutas y flores reflejaban el amor a la vida para colgarlas en las casas burguesas ¿Dónde mejor que en La Casa Lis, casa burguesa de Don Miguel? Bodegones, hermosos cuadros de vírgenes blancas que miran con arrobo a su hijo, cuadros en los que María se envuelve en enloquecedoras guirnaldas de flores pintadas al detalle… la muestra es un gesto de generosidad del coleccionista, que accedió a mantener en las paredes del Museo salmantino fuera ya de plazo, estas joyas que iríamos a ver a Holanda o a Bruselas y que ahora tenemos tan cerca, en nuestra Salamanca.
    
Una Salamanca que siempre tiene algo que descubrir entre las paredes de su casa, La Casa Lis, casa de todos que ha renovado una de sus mejores salas para que sigamos disfrutando de las colecciones permanentes del museo que custodia la generosidad de Manuel Ramos Andrade. El anticuario, nacido en Navasfrías, reunió un total de diecinueve colecciones entre las que destacan la denominada “Bronces Viena”, cuya remodelación museística se ofrece al visitante: vitrinas, luces y disposición cambian para que podamos apreciar cómo se debe estas hermosas, delicadas y diminutas piezas que nos hablan de una época pasada y fecunda a través de los objetos que ornaban las casas de los burgueses de principios de siglo.
    
Ya en el siglo XIX, las factorías austríacas trabajaban el oro y la plata que después, se pasó al bronce para realizar rigurosamente a mano, tanto la facturación como el coloreado, figuras que servían para decorar las mejores casas y que a la vez, tenían un objetivo práctico: eran cajas, tinteros, lámparas… En una época en la que se buscaba la belleza en la vida cotidiana, los artesanos vieneses, imbuidos por el orientalismo, recrean los motivos exóticos propios de las colonias africanas y asiáticas a las que no podían ir los europeos fascinados por los relatos de la época, los paisajes aparecidos en las novelas, las crónicas de viajes e incluso, los cuentos que se publicaron por primera vez en el Viejo Continente bajo el título de “Las Mil y una noches”. Estaba de moda el orientalismo y las figuras, perfectamente realizadas, bellamente policromadas, nos hacían la ilusión del suvenir traído de lejanas tierras y portador de su magia. Y junto a las escenas de un mundo diferente, los animales exóticos que fascinaban a los europeos también en los zoos de reciente creación. El mundo se hacía más pequeño y se aproximaba a la casa burguesa ornada de vendedores de monos, personajes de cuento, animales de lejanas tierras… y todo junto con gatos caseros en actitudes humanas e incluso, personajes diminutos salidos de los cuentos de Beatrix Potter. Es el encanto de la miniatura, el cuidado de lo pequeño.
    
La nueva concepción museística hace que nos fijemos más en la pequeña pieza, aquella que decoró la casa burguesa y que ahora, se ofrece a nuestros ojos tan perfecta como hace más de un siglo, los colores –como nos hace ver el director del museo, Pedro Pérez Castro muy atento en esta apertura a todos los visitantes- intactos a pesar del tiempo y del maltrato de la limpieza constante. Son auténticas joyas donde sobresalen piezas perfectamente conservadas –Ramos Andrade era muy riguroso a la hora de adquirir para su colección ejemplos sin mácula alguna- que nos devuelven la magia de lo exótico, la fascinación por la lejanía y también, el juego infantil del animal personificado. Una prosopopeya para adultos enamorados de lo bello que juegan con la perversión del erotismo para recrearse en bailarinas exóticas… que también las hay en estos hermosos Bronces Viena. Solaz de la mirada y apetito por lo desconocido. Una bella sala a la que se le ha devuelto una nueva vida ¿Cómo no vamos a disfrutar de la ocasión de verlo con calma, con detenimiento, casi a solas? Es un lujo “asiático” del que disfrutar en estos extraños tiempos de confinamiento en los que hay que vivir sabiendo recorrerlos. Es, dentro de la tristeza, una hermosa ventaja a la que nos debemos, para que todo permanezca, para que todo continúe, lo nuestro, lo de todos, lo bello… y hacerlo protegidos, siguiendo las recomendaciones de un ser tan adorable, tierno y carismático como el que tenemos la oportunidad de volver a ver… ahí en su casa, la Casa Lis, no se la pierdan.