El virus de la responsabilidad

Roger Martin, en el 2000, nos ilustraba sobre el “virus de la responsabilidad”: “Cuanta más responsabilidad asume el director general, menos asumen los miembros de su comité de dirección”. Son típicas también las apariciones de los “Reinos de Taifas”, esas unidades organizativas que llegan a guardarse informaciones para disponer de más poder o al menos aparentarlo. Lo curioso es que suelen ser estilos impulsados por los “Grandes Mandamases” a los que se van agregando los jóvenes “IASP”, o sea, “Incompetentes Aunque Sobradamente Preparados”.

         Nos cuenta el consultor Juan Carlos Cubeiro: “En la actualidad, las compañías no se conforman con la mera ejecución de tareas, sino que piden a sus colaboradores innovación, trabajo en equipo y orgullo de pertenencia”. ¿Cómo se come esto? Quizás sea utópico ante la regresión actual porque solo preocupan los presupuestos y se desinvierte en formación sistemática. Los equipos de fútbol, las empresas, están llenos de jugadores y empleados desmotivados. Incluso muchos de ellos están deseando que su equipo pierda por cuanto es la única manera de que le lleguen oportunidades de jugar; bien porque el compañero que ocupa su mismo puesto fracase o porque al entrenador lo echen de una vez.

         El gurú del liderazgo Marcus Buckingham fue muy directo en su libro “Primero, rompe todas las reglas”, llegando a conclusiones interesantes: “El 70% de los empleados que abandonan su puesto de trabajo es por problemas con su jefe”, conclusión extraída entre más de un millón de trabajadores en una investigación Gallup. Dice el dicho popular “Aquí como en la feria de Valverde, el que más pone es el que más pierde”, lo que puede originar la actitud competitiva de “mejor no hacer nada” . Rabindranath Tagore aseguraba: “Si cerráis la puerta a todos los errores, también la verdad se quedará fuera”. Sin duda, los equipos se vuelven histéricos si se dedican a buscar culpables en los errores y el miedo al fracaso desencadena conductas defensivas. 

Sería importante enseñar a los colaboradores a pensar y a decidir, sin limitarse a ser meros “ejecutores”. Dar confianza, delegar, sin caer en feudalismos (sentido de posesión) sobre los empleados. Son demasiados conceptos, demasiados mensajes concentrados, pero es una inquietud a futuro… Cuando se reinicien las Ligas futbolísticas podremos comprobar el nivel de responsabilidad que asumen todos y cada uno de los participantes. Compartan conmigo este chiste de fútbol: “Se jugaba una final de Copa. –“Disculpe, señora, ¿está vacío el asiento a su derecha? – “Es de mi esposo… ha fallecido”. – “¿Y no lo va a ocupar ningún amigo de Vd.?” – “¡No… Esos traidores eligieron ir al entierro…!” Es curioso pero, con humor, se acepta mejor la comprensión del virus de la responsabilidad.