Miércoles, 3 de junio de 2020

Una realidad nueva

La irrupción del coronavirus en nuestras vidas ha traído consigo el cambio de muchas cosas, pero, sobre todo, la manera de hacer esas cosas a lo que, acertadamente o no, llamamos cultura. Aunque no sabemos si aquí, en España, podrá cambiar esa forma de hacer política del yo, mí, me, conmigo, y lo demás importa menos. Cuanto peor le vaya al otro, mejor. Pero cambiará, sin duda, la forma en que vamos a vivir y disfrutar en los próximos tiempos.

La sociedad española, en su mayoría, llevó de forma ejemplar el confinamiento, con un alto grado de solidaridad y de entrega de los profesionales de los servicios públicos, incluidos los de la cadena de alimentación, puesto de manifiesto en los masivos aplausos en los atardeceres. El esfuerzo del conjunto de los ciudadanos, la disciplina en el cumplimiento de las normas del confinamiento y la fraternidad manifestada, ha salvado miles de vidas humanas y parecía abrir una puerta a la esperanza de que saldríamos de esta más fortalecidos, más unidos, con un futuro más humano y solidario.

Con la llegada el desconfinamiento progresivo o desescalada, aquellas manifestaciones de comportamiento social positivo, parece que se han esfumado.  Aparece el individualismo, los particularismos, los intereses de unos y otros, el ir a lo nuestro y no a lo de todos, los reinos de taifas campan a sus anchas y hasta irresponsabilidades tanto de políticos como de una parte de los ciudadanos, se hacen patentes. Con una facilidad de espanto el bien común se ha quedado de lado y nos olvidamos del qué puedo hacer yo por mí mismo y por los demás en la lucha contra el virus y hacerlo.

Directamente hemos pasado a pedir, cuando no a exigir, buscando excepcionalidades que nos lleven a una normalidad cuanto antes, sin importar el bien común, olvidándonos de que, al virus, que todavía está ahí, solo lo paramos todos juntos y unidos. Como si eso de la llegada a la normalidad, no fuera lo que queremos todos. El cuándo llegaremos a ella dependerá mucho de la unidad que mantengamos en la lucha contra el virus y la puesta en práctica de los valores del bien común y del interés de todos en su conjunto.

Nunca han sido buenos los reinos de taifas, tampoco serán buenos ahora, si con ellos pretendemos escapar del interés general para concentrarnos solo en el particular y en los egoísmos. No cabe otra que seguir el camino de la unión, porque la alternativa es la decepción y la muerte. De cómo salgamos de esta será el mañana. Ese mañana que será parte de nuestra vida, pero también la de nuestros hijos y nietos, a los que no podemos dejarles la herencia de la miseria o de problemas irresolubles y endémicos.

El tránsito hacia la normalidad, en el que estamos, está lleno de riesgos y espinas. Cabe preguntarnos ¿qué normalidad buscamos? Para unos sería la vuelta a la situación en la que estábamos antes de la llegada del coronavirus, para otros, se trata de una nueva normalidad, porque la anterior ya no será posible, tal cual era. Muchas de las cosas no volverán a ser como antes, o porque no son posibles o porque a la sociedad no le conviene como especie.

La solución y la salida de esta crisis es difícil, si fuera fácil no sería crisis, mejor dicho, no serían crisis. A la situación de emergencia sanitaria provocada por la pandemia hay que añadir las consecuencias de la misma: crisis económica, social, laboral y de confianza en las instituciones. Nuestra sociedad cambia, pero la cultura política, nuestra política, parece que no y eso lo hace más difícil todavía.

La pandemia pasará y habrá alumbrado una nueva realidad, tal vez un futuro nuevo. Albergamos la duda de cómo será, pero sería bueno para la persona, la sociedad en su conjunto y para el planeta, que saliéramos de esta más unidos, más solidarios, más humanos. Es un reto para todos el que esta realidad nueva nos permita alcanzar una nueva normalidad, porque la de antes se la ha llevado por delante la Covid-19.

 

Les dejo con una canción para soñar, la de Luis Miguel: https://www.youtube.com/watch?v=YdAodFlBb1w

                                                                                                                                                                                    

                                                                                                                              Aguadero@acta.es