Miércoles, 3 de junio de 2020

Esbozando sonrisas

Cada día se sienta en su silla, con la mochila al lado de su mesa, y va colocando sobre ésta el material que va sacando de su estuche, justo lo que necesita en cada momento para cada área, siguiendo el horario que tiene en la carpeta. Hoy, a las nueve, ha tenido Mates. Le entra un nudo en el estómago, porque toca repasar las tablas. El caso es que se las sabe todas, pero la del ochooo… ¡es que no le entra! Intenta tranquilizarse, logra deshacer el nudo poco a poco, coge el soniquete adecuado, y dale que dale, a repetir. Cuando ya lleva un rato, se la pregunta para sí, salteada. ¡No se lo puede creer! Escribe con rapidez números al azar, y pone la solución. Lo comprueba con la tabla delante… ¡Toma! ¡Lo ha conseguido! Se acuerda de su “seño” que, aunque tiene fama de ser exigente, siempre le dice que no se desanime, que se las va a aprender. Se sonríe con sensación de victoria. ¡Se lo piensa contar mañana en cuanto se conecten!

Él, de momento, se retoca otra vez el flequillo con un poco de gomina. Bueno, un poco más. Se lava las manos y va a su habitación, frente a la de su hermano pequeño, que el muy “plasta” está con las tablas. Se decide a estudiar la valencia de los elementos. Después de tantas prisas esos meses de atrás y nada de tiempo para ponerse al día, de pronto, todo se ha convertido al final en clases virtuales diarias. También quiere adelantar la lectura de unos libros que le han mandado. Prefiere leer a bañarse en aburrimiento. Cada día sigue un horario de repasos muy parecido al del instituto. Le compensa tener cierta organización. Le da tiempo para todo. Más tarde hablará un rato por videoconferencia con los colegas. Y hará algo de ejercicio. Mientras prepara el libro de Química, se va sentando. Coge el boli del bote de lapiceros, que se desequilibra, esparciéndose todo por la mesa. Sale rodando la goma de borrar, tan gastada como está, y comienza a dar vueltas por la superficie la chincheta roja. De pronto se acuerda. Lleva un mes con tanto lío, que nunca le da tiempo de buscarla para pinchar esa esquina levantada del poster de Sierra Nevada que tanto le gusta. Coloca todo de nuevo en su sitio, y por fin pone ese punto rojo donde debería estar. Y se sonríe. Se sienta de nuevo. Mira esas montañas mientras todos los elementos de la tabla periódica se despliegan ante sí.

Entre tanto, él, agotado de trabajar a distancia sin horario apenas para comer, descansa y se acerca a su colección de discos. Va pasando la vista por unos y otros. Ni siquiera alcanza a situar cuándo fue la última vez que miró las carátulas con atención. De pronto se detiene en uno. Hace un gesto que expresa lo que siente. Aquel viaje fue inolvidable. Lo pasaron muy bien los cuatro. Esos recuerdos se amontonan en su sonrisa.

Cuando ella llega, les encuentra poniendo la mesa. Aunque le apetecería abrazarles, intenta no acercarse mucho. Lo primero, como cada día, es ducharse y conecctar la lavadora con su ropa. Cuando se sientan a cenar, procura no hablar mucho de cómo ha sido hoy su trabajo. Estos meses están siendo agotadores. Piensa en lo largo que está siendo todo el proceso y en que nunca habían vivido algo así. Pero, por suerte, hoy no ha entrado nadie en la UCI, y las personas ingresadas en su planta están mejorando. Sonríe. De pronto se sorprende con los comentarios del día. La chincheta roja ha volado por fin a la sierra, acontecimiento que todos celebran con alegría prometiendo que comprarán una caja de chinchetas de colores en cuanto lleguen a la fase 1. Es más, volverán a hacer ese viaje a Sierra Nevada en el que lo pasaron tan bien. Y, mientras se ríen, el pequeño dice casi a gritos, presumiendo, que ya se sabe la tabla del ocho. El mayor ironiza sobre ello y amenaza: “¡pues te vas a enterar cuando tengas que aprenderte la tabla periódica, chaval!”

Por la noche, cuando su padre va a su habitación a taparle y a darle un beso, le dice entusiasmado que como ya se sabe la tabla del ocho, mañana se va a aprender esos huesos tan difíciles que tiene que estudiar. Su padre sonríe, contento, recordando el día que él, hace mucho tiempo, logró aprenderse todas las tablas.