Miércoles, 3 de junio de 2020

Vamos a misa

Se nos permite de nuevo asistir a los actos o celebraciones religiosas

Mi familia procede de un pueblo de gran formación y práctica cristiana. Por supuesto, se cumplía con la asistencia a la misa dominical, y era la familia entera la que acudía.

A mi padre, guardamontes, o montero como se decía entonces, lo trasladaron a un pueblo de unos mil habitantes, donde la asistencia a la misa dominical era prácticamente desconocida. Asistía a la misa apenas una media docena de personas: el médico, el farmacéutico, el maestro, el secretario y pocos más.

Cuando mis padres y la familia asistíamos a la misa del domingo, por el camino encontrábamos a la gente sentada al sol en la misma calle. Y, por expresar algo a modo de saludo, solía decir mi padre: “Vamos a misa”. Y la gente respondía invariablemente: “P’allá vais”.

Cuando la situación provocada por la pandemia del coronavirus va remitiendo y se nos permite de nuevo asistir a los actos o celebraciones religiosas, sentimos como una cierta necesidad de decir a la gente para animarla a reencontrar la “nueva normalidad”, contando con la gran alegría de reintegrarnos a la vida ordinaria asistiendo a la misa, de la que durante tanto tiempo se nos ha privado, sentimos una cierta necesidad, o por lo menos una inclinación a invitar a nuestros vecinos, amigos, familiares y convivientes, a asistir a la misa que marca el sentido de fiesta de los domingos.

Y es fácil para mí recurrir a la significativa anécdota contada al inicio de este comentario. Vamos a misa: “p’allá vais”.

Es verdad que para muchos importará poco que se puedan celebrar de nuevo actos de culto y entre ellos, por supuesto, la misa. Pero para los que estamos acostumbrados y llevábamos muchos años celebrando o asistiendo a la misa diaria, ha sido una grave prueba pasar más de cincuenta días sin tener misa y sin comulgar.

La misa se suplía con los medios modernos de comunicación: televisión, radio, y redes sociales diversas. Pero el ayuno de comunión difícilmente se compensaba con la práctica de la comunión espiritual o de deseo.

Es interesante coonstatar cómo la imposibilidad de celebrar misas con público ha promovido la imaginación y ha lanzado a obispos y sacerdotes a utilizar los medios de las redes sociales que nunca habían utilizado hasta ahora. Y no parece fácil celebrar sin público presente y teniendo que dirigirse a un público imaginario, a veces con dificultades de orientarse frente a las cámaras.

El ayuno de misas ha sido más sensible y doloroso cuando afectaba a la despedida y acompañamiento a alguno de nuestros difuntos. Por eso, para los familiares de los difuntos está siendo un fabuloso consuelo la posibilidad de mitigar el dolor y suavizar la ausencia del ser querido. Aun cuando todavía esté limitado el número de personas asistentes. En las celebraciones normales la limitación es a un tercio del aforo, que pasará a ser del 50% en el paso al siguiente nivel de la desescalada en el encierro o limitación de salidas del confinamiento en nuestras casas o residencias de mayores, en las que esta limitación de salidas es todavía más rigurosa.

La misa de los domingos es especialmente deseada por los de mayor formación o práctica cristiana. La práctica dominical, que recuerda el día de la resurrección de Cristo o del séptimo día de la creación y, como consecuencia, del día de descanso que rememora el descanso de Dios en ese séptimo día.

Es significativo el episodio que refiere que en Abitinia, ciudad de Túnez, norte del África romana, en el siglo cuarto, cuando el procónsul Anulino interrogaba en Cartago a 49 cristianos y les prohibía reunirse para celebrar la eucaristía del domingo, ellos contestaban: “Sine dominico non possumus”, sin el domingo y la celebración dominical no somos cristianos. Y terminaron confesando su fe con el martirio (año 304).

Evidentemente, si nos prohibieran en este tiempo celebrar la eucaristía del domingo, difícilmente llegaríamos a aceptar el martirio con tal de ser fieles a la misa dominical. Pero para los más avezados a asistir a la misa dominical, es una buena prueba no tener la posibilidad de la asistencia a la celebración eucarístico del domingo.

Podemos decir que hemos recuperado una parte significativa de nuestra vida cristiana pudiendo celebrar la misa diaria o al menos la del domingo. Vamos a misa.