Miércoles, 3 de junio de 2020

Contadores de historias

¿Señor Manuel?

Dime prenda.

Nada nuevo. Solamente incidir en lo que nosotros hemos estado ya contando y casi todos los ‘Contadores de historias’ del mundo mundial en reiteradas ocasiones. Qué no es otra cosa que las incidencias habidas, hay y habrá, desde la aparición de “un bicho” al que se llamó coronavirus, y ha trastocado nuestras vidas a los que hemos tenido la suerte (por el momento) de haberlo sobrepasado; no sin secuelas tanto físicas como morales adquiridas en la larga cuarentena. Hasta nuestra querida amiga Mari Loli, que ha estado muy callada últimamente ha gritado a pleno pulmón y sin tapujos… ¡Por Dios con alivio infinito!

Y, ¿sabe usted señor Manuel?

Dime.

Pues que todo ello ha sido contado y recontado a una velocidad de vértigo en-Prensa, Radio, Televisión, Redes Sociales y numerosos atrevidos analfabetos; que han llegado muchas veces hasta el cansancio físico y no digamos moral por su reiteración.

Y muchas noticias falsas.

Efectivamente.

Noticias, que para trasmitirlas han utilizado la prodigiosa capacidad de las redes, para  poder llegar a todos los medios a través de los cuales llegamos a ellas. Pero no tenemos que olvidar: “Qué la desinformación viaja por estas redes que has mencionado a una velocidad seis veces más rápido que la información verdadera”.

O, más.

Aprovecho esto que me dice para contarle una historia de “las mías”; ya que cómo usted bien sabe… me arrogo el derecho de ser Contador de historias, eso sí; humanas y alguna divina, desde hace muchísimos años…  muchos años.

Cuenta, cuenta, que luego te diré lo mío.

Pues mire usted; he recordado en estos días de estar obligados en casa, algo muy antiguo que leí, nada más y nada menos, que en el libro ‘Don Quijote de la Mancha’ de Cervantes y que dice así: ¿Quién duda sino que en los venideros tiempos, cuando salga a la luz la verdadera historia de mis famosos hechos, que el sabio que los escribiere no ponga, cuando llegue a contar esta mi primera salida tan de mañana, desta manera? “Apenas  había el rubicundo Apolo tendido por la faz de la ancha y espaciosa tierra las doradas hebras de sus hermosos cabellos, y apenas los pequeños y p¡ntados pajarillos con sus harpadas lenguas habían saludado con dulce y maliflua armonía la venida de la rosada aurora, que, dejando la blanda cama del celoso marido, por las puertas y balcones del manchego horizonte a los mortales se mostraba, cuando el famoso caballero-don Quijote de la Mancha, dejando las ociosas plumas, subió a su caballo Rocinante, y comenzó a caminar por el antiguo y conocido campo de Montiel”.

Pues sí ha sido larga la parrafada

Pues aún continua diciendo: “¡Oh tú sabio encantador, quienquiera que seas, a quien ha de tocar el ser cronista desta peregrina historia! Ruégote no te olvides de Rocinante, compañero eterno mío en todos mis caminos y carreras.

¿Qué le parece señor Manuel? Le he visto refunfuñar en sus labios… pareciéndome percibir algo así cómo… ¿rollo?

No hombre; murmuraba de las palabras de aquella época. Reconociendo que varias veces sigo yo utilizando alguna. ¡Cómo me va a parecer mal, viniendo de la pluma prodigiosa del gran Cervantes! Yo diría que lo dicho es, por lo menos adecuado. El afán de don –Quijote de que fueran contadas sus historias, justo. El que fueran conocidas en el futuro y su “alabancia” al cronista que las contase, apropiado… Pienso además sin jactancia ninguna; que difundir o propalar las noticias e historias en aquella época, fueran verdaderas o falsas, sería un arduo ejercicio de inteligencia. Pues al no haber-Redes Sociales; las existentes serían rudimentarias… caballos al galope, palomas mensajeras, nubes de humo, atar las notas a la cola de un perro o el silbo canario de la Gomera.

¡Hombre señor Manuel! ¿Está usted de “coña? Creo que se va usted, aunque con humor, demasiado lejos en sus apreciaciones. Aunque reconozco que la comunicación en aquel entonces era un poco lenta. Pero alguien tenía que contarlo (como ha ocurrido con esta-Pandemia-)… los cronistas, periodistas, reporteros, locutores, contadores de historias…

Sí. Y ministros y demás.

Me decía el gran periodista y Director salmantino-Enrique de Sena-, cuando nos encontrábamos paseando por las calles charras ¡claro es! después de relatarme “hechos y sucedidos” de mi abuelo paterno, qué: “Con la escasez del papel en los años cuarenta de redujo  el tamaño de los-Periódicos-, a simples cuatro carillas (dos hojas). Los periodistas españoles estuvieron a punto de obtener un-Master-, en algo muy importante en el periodismo la Síntesis”, o eliminación de lo accesorio”.

Donde no cabía la divagación… Pregunta de cuatro palabras y respuesta de cinco.

También-Francisco Blanco- Director del-Instituto de las Identidades- y amigo; cuando-Prologó-de mí libro (ver foto)-desde el Campanario-“Reflexiones en voz baja” aseveraba: “La Comunicación es un misterio”. Y seguía con algo más contundente: “Hoy los tiempos de la-Comunicación-, son otros muy diferentes a los que he vivido activamente (cuando la palabra impresa era sagrada… “lo dice el papel”). Ahora son tiempos bastardos de una conversión voraz, que ha llegado a convertirse en aristas de doble filo hiriente e indiscriminado”.

¡Eso me suena!

Pues eso, ¿vale?