Miércoles, 3 de junio de 2020

Ceci n'est pas une pipe

Y para llegar a tal fusión antes estorba que favorece esa arrogante pretensión de literatos, pintores, músicos y danzantes de que se les coloque en campo aparte y no se les confunda con los demás obreros. Sólo cuando todos participen  de la misma ruda suerte, sólo cuando unos y otros estén sujetos al yugo del capital y se sientan de verdad hermanos en esclavitud económica, sólo cuando el poeta comprenda que no tiene más remedio que hacer sonetos como su compañero hace cestas o zapatos, sólo entonces podrán trabajar todos juntos por la emancipación  común y elevar a arte todo oficio, absolutamente todo.

(Miguel de Unamuno. Epílogo a Amor y pedagogía)

Hace mucho tiempo, muchos años, que llevo dándole vueltas a un asunto que aún no soy capaz de pararlo y que quedé de pie. Es un tema relacionado con el mundo del arte, más concretamente con la pintura, el tema es demasiado peliagudo para mí, como para extenderlo a las demás artes.

A ver si me explico; un pintor pinta un objeto, pongamos por caso el Bodegón con chorizos, jamón y recipientes de Luis Egidio Meléndez. Pues bien, cuando alguien se para ante ese cuatro, no tiene más remedio que exclamar, ¡Hay que ver que bien pintados están esos chorizos! Parecen de verdad, como que dan ganas de cogerlos y comerlos. Y es cierto, el cuadro es de un realismo apabullante, parece que incluso se ve la grasilla que rezuman los chorizos. Y tras unos minutos de absorta contemplación, concluimos: ¡No hay duda, estamos ante una obra de arte!

¡Una obra de arte! Ahí es nada, nada menos que una obra de arte, y todo porque el pintor, con su técnica, ha reproducido unos objetos ya existentes. Y digo yo, ¿si una copia, una reproducción, es considerada una obra de arte, no será más obra de arte la obra original, aquella que inspiró al pintor para que la copiara?

Mucho se ha hablado de la obra de René Magritte "Ceci n'est pas une pipe" ("Esto no es una pipa"). Se trata de un cuadro pequeño en el que vemos ¿una pipa? Y debajo escrito: Ceci n'est pas une pipe.

Cuando el espectador se para ante el cuadro, de inmediato le asalta una pregunta: ¿por qué dice que eso no es una pipa, cuando a todas luces se ve que lo es? Pues esta cuestión, que así sin más puede parecer pueril, ha suscitado infinidad de comentarios, artículos, incluso algún que otro ensayo. Yo no voy a pecar de ingenuo tratando de descubrir ahora lo que tantos sabios concienzudos no han sido capaces de aclarar, y eso que el propio  Magritte dijo que eso era simplemente la representación de una pipa, no el objeto en sí.

No, no pretendo descubrir nada, ni siquiera si Magritte fue sincero cuando dijo que simplemente era una representación. Sólo pretendo utilizar esa controversia para arrimar el ascua a mi sardina, para seguir con mi relato.

Creo que si Magritte hubiera puesto “Esto es una pipa” el cuadro no habría alcanzado la fama que ahora tiene y le habría pasado lo que a los chorizos del bodegón de Luis Egidio Meléndez, y se habría quedado en eso, en un cuadro que representa una pipa. Con lo que la pregunta vuelve de nuevo: ¿Dónde hay más arte; en el original o en la copia? Parece ser que en la copia, y por eso perdura, se valora, se exhibe y todo el mundo la conoce. Sin embargo nadie sabe  qué fue de aquella pipa original ni quien la hizo. Y no digamos qué fue de los chorizos (aunque nos lo podemos imaginar), y qué fue del artista choricero.

Lo curioso no para ahí. Quiero decir, que si algún otro pintor copia y pinta la pipa de Magritte o los chorizos de Luis Egidio, esa obra no es valorada como la primera aunque alcance tal perfección que se necesite de un experto para que nos diga cuál es una y cual la otra. La primera será expuesta en los grandes museos y la segunda se queda para decorar el salón de alguna familia de clase media. ¿Y si lo expertos se hubieran equivocado al decir cuál es el original? da igual, la obra que los expertos hayan dictaminado que es la original, lo es. Y a lo mejor en el salón de mi casa tengo un Magritte y en el  Museo de Arte del Condado de Los Ángeles tiene una copia de la que no se sabe quién fue el autor.

Creo que el Arte debe ser, o debería ser, algo más que copiar elementos de la naturaleza, o de donde sea, sobre una superficie más o menos lisa aplicando con mucha técnica, unos colores, para que aquello nos parezca lo más bonito posible y que se acerque al objeto reproducido. Por mucha técnica que el autor tenga, por mucha destreza o habilidad que muestre, nunca podrá igualar al objeto original, y en el mejor de los casos si llega a igualarlo, no habrá hecho más que una reproducción más o menos exacta, del original. Es decir habrá hecho otro original, habrá conseguido repetir un objeto, como hacen las impresoras 3D, con la notable diferencia, a favor del original, que en el caso, por ejemplo, de los chorizos, los originales se podrán oler y comer con gran deleite, mientras que los reproducidos son incomibles.

En conclusión; considero que eso que llamamos arte, y esas personas a las que llamamos artistas, no siempre son merecedoras de tal honor. Mientras que los verdaderos artistas, así sin comillas, los creadores, los que no se conforman con reproducir un objeto, sino que crean su propia obra, esos, en muchas ocasiones  no son valorados o no son entendidos, o tal vez no sean valorados porque no son entendidos.

Pero cuidado con ese arte que no entendemos, porque en ese mundillo hay mucho “listo” que aprovechándose del no fácil entendimiento y del mucho esnobismo ignorante, acaban metiéndonos gato por arte. En conclusión que no es fácil (para mí casi imposible), saber qué es y qué no es arte.

El propio Magritte evitaba que lo llamaran artista y se describía como un hombre que piensa y que comunica sus pensamientos ilustrándolos.

Todo esto podemos aplicarlo a otras artes, aunque, como ya he dicho, no me considero capacitado para meterme en otros berenjenales. Pero podría sintetizarlo con un solo verso de Ugo Fóscolo, que traducido del italiano viene a decir algo así: “Desdeño el verso que suena y que no crea

A buen seguro que alguna mente inteligente, se sonreirá al leer estas líneas y se dirá para sus adentros, pues yo sí sé qué es y qué no es arte. Bendito él.