Miércoles, 3 de junio de 2020

“Canto a la rutina”. Poema de un ermitaño

Paisaje con ermitaño, ca. 1610, de Paul Brill

 

Me escribe Jesús Fonseca, poeta, periodista y, esencialmente, amigo dilecto (o hermano en la Fe poética y en la Fe que nos ancla al Amado galileo), pidiéndome el favor de difundir el poema de un buen amigo suyo, quien prefiere mantener su anonimato, salvo el declarar que busca ser un simple ermitaño.

Y así lo hago.

 

 

 

“CANTO A LA RUTINA”. POEMA DE UN ERMITAÑO

 

Es la fiesta de las horas repetidas,

de los días con retornos de marea;

 ¡ven conmigo, hermano, y saborea

 el gota a gota lento de la vida!

 

Amansemos el flujo de los días

con un beso al demonio meridiano;

al vaivén de tristezas y alegrías

el tiempo se acurruca en nuestras manos.

 

Escriben los renglones de las olas

 su poema mejor, monotonía.

¿Lacerante rutina?… ¡Rompeolas

 resguardando de paz nuestra bahía!

 

Como viejos olivos que aburrieron

en hileras los paisajes infinitos;

como tantos temblorosos pedacitos

de otoño que del chopo se cayeron...

 

Son ciclos de la vida que temimos

y en donde siempre acechan cuarentenas

con los posos del cáliz que bebimos

y el aroma de vino de azucenas.

 

Celebración diaria y monorrima

donde la soledad se hace mimosa…

¡Coraje, corazón, ponle tu rima

al bullicio continuo de las cosas! 

 

Esas horas que pasan aburridas

y sin gloria se van de nuestro lado;

calendarios que no han cicatrizado

aún su hoja... y otra llega decidida.

 

Mística de los niños y ermitaños

 con horario del sol y de la luna

¡qué bello corazón el que se acuna

en el pausado río de los años!

 

No seamos de aquellos que sintieron

tanto miedo al tic-tac de sus relojes;

¡Unjámonos de tiempo!  ¡que nos mojen

 con su orvallo de paz los minuteros!

 

Es la fiesta de las horas repetidas,

 de los días con retorno de marea;

¡ven conmigo, hermano, y saborea

 el gota a gota lento de la vida!

 

Vista desde la ermita de San Miguel de Gormaz