Miércoles, 3 de junio de 2020

Auxiliadora

Mi infancia transcurrió en otros patios, también de feliz recuerdo y de maduración de mi personal limonero, pero algo, mucho de mí, hay en los patios salesianos de Salamanca que este fin de semana echarán de menos el anhelado paso de la Madre, de la que es vida, dulzura y esperanza nuestra: María Auxiliadora.

Los veinticuatro de cada mes no son días cualquiera, y el de mayo, menos. Esta víspera de fiesta, en la tarde del 23, allí por Padre Astete, la avenida de Portugal, el Paseo de la Estación, Padre Cámara y la propia calle homónima de la iglesia, no podremos introducirnos en ese bullicio de procesión colegial que se sale del esquema cofradiero pero encaja bien en la respuesta de amor de miles de salmantinos a una advocación de la Virgen que es querida, compartida y celebrada. Procesión de pañoleta y de mantilla, con sus niños de primera comunión y las cintas rosas y azules que sostienen las medallas de los miembros de las diferentes asociaciones de María Auxiliadora que salpican la ciudad, desde que en 1898 los Salesianos de Don Bosco llegaran a Salamanca.

No sé cómo lo hace, aunque sí sé que puede hacerlo y esto me consuela grandemente, pero María Auxiliadora siempre aparece. El otro día, sin ir más lejos, estaba a punto de entrar en mi casa a la vuelta del trabajo cuando se me aproximó un hombre algo mayor que yo, o quién sabe, quizá algo menor; no diré su nombre. Pedía un cigarro que no podía darle pero pronto se deducía que le apuraban necesidades más importantes. Un encuentro similar a otros, que no arreglan gran cosa pero algo pueden ayudar, esta vez se complicaba en cierto modo porque lo de la distancia de seguridad era una quimera. Cosas del directo. El caso es que el buen hombre quiso resolver nuestra conversación regalándome un llavero de los muchos que llevaba para intentar vender. Escogí uno del que colgaba una pequeña cruz de madera del Santo Sepulcro, con la inscripción Jerusalem por detrás.

Le debió parecer poca cosa y se empeñó en que me quedara otro. “Mira, tienes uno de Don Bosco”, le dije. “¿Cuál del horóscopo dices?”. “No, del horóscopo no, de San Juan Bosco, y por el otro lado está María Auxiliadora. Pero quédatelo tú, de verdad”. “No, no, no, no”. Y así, se puso a separarlo de la ristra de llaveros igual que hizo antes con el de la Cruz de Tierra Santa. Resultó ser un llavero de Arévalo, que me remontó a mis tiempos de la catequesis y una convivencia de Adviento, con las dos imágenes clásicas del fundador y de la Madre que alentó la fundación y alienta cada obra salesiana. De modo tan misterioso, fue como si quisiera recordarme que estamos en su mes, que no saldrá en procesión este año pero que cuenta con mi oración en su día. Que no se me olvide esta Pascua que fue en la pila bautismal de su parroquia-santuario donde me nacieron a la Vida y fue a Ella a quien me presentaron mis padrinos Carmen y José, mis abuelos maternos, en cuya casa, cuando llegaba la capillita domiciliaria, me enseñaron a pedir sus auxilios. Que tampoco pase Pentecostés sin que tenga un pensamiento para el día en que Don Braulio me confirmó en la fe bajo su manto. Y que, en cuanto pueda, vuelva a su altar, el de la nueva alianza ante el que mis padres sellaron la suya, y a su confesionario, donde suelo acudir para ser perdonado.

En el rellano de la escalera cuando acompaño a Tomás a su clase, o cuando la piropea con un “Eres cariñosa", o cuando le decimos cada noche que ruegue por nosotros. En cada charla con Don Pedro, de las que tanto se aprende. En las sabrosas historias colegiales de papá, y de María, y de muchos amigos. En el calendario de la cocina donde apunto las guardias. En la camiseta del gran San Lorenzo de Almagro. En el cigarro que no pude dar y en los llaveros que me dieron. En las personas que no esperas, las conversaciones que no planeas y las distancias inseguras que aseguran esa otra cercanía irrenunciable que a menudo nos cuesta cuidar. En lo cotidiano, en lo silencioso, en lo festivo, en lo doloroso, en lo importante... No sé cómo lo hace, pero María Auxiliadora siempre aparece.