Miércoles, 3 de junio de 2020

Teletrabajo y vida social 

Ni que decir tiene que la llegada del coronavirus y sus consecuencias ha modificado y seguirá modificando nuestra forma de vivir y trabajar. Una de las consecuencias más palpables es lo que denominamos el teletrabajo. Esa palabra que parece que se ha puesto de moda en las últimas semanas, pero que viene de lejos.  Ya en la década de los noventa apuntábamos su llegada e implantación. Las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) están cambiando los conceptos de tiempo y espacio.

En el mundo del siglo XXI, la vida será cada vez más libre e independiente de lugares específicos y de momentos concretos. Esta nueva concepción del tiempo y el espacio hace posible, gracias a las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), el trabajo a distancia o teletrabajo, que consiste en realizar tareas desde casa, es decir, a distancia y sin sujeción de horarios. Pero que no es más que una parte del trabajo móvil o ambulante, que se puede realizar en la ciudad, en el campo, o en cualquier lugar y momento.

El punto neurálgico del teletrabajo son las telecomunicaciones, con ordenadores y otros dispositivos (tabletas, móviles, etc.) como fuentes de información o terminales en ambos extremos del proceso de la red y los programas que hacen funcionar los flujos de información.

El concepto de teletrabajo ya es una realidad que se concreta o agrupa en cuatro formas de actuación: sucursales y oficinas conectadas a una sede central; telecentros donde se dispone de tecnología y medios apropiados para que, de forma compartida, los profesionales conecten con sus empresas u otros; el trabajo móvil, que se realiza cuando se está fuera de los locales físicos y de las empresas; y el trabajo que se realiza en el hogar o desde el hogar. El denominador común de todos ellos es el uso de las telecomunicaciones para llevar a cabo las tareas y actividades. Quien hay detrás, siempre, es una persona, que muy bien podríamos llamarle teletrabajador.

Las consecuencias del teletrabajo son importantes. Supone una nueva forma de organización del trabajo. Encabezada su promoción desde finales del siglo pasado por las Administraciones Públicas estadounidenses y europeas, que lo consideran como uno de los factores económicos y sociales a desarrollar.

El teletrabajo trae profundos cambios en las relaciones entre empresas y trabajadores y en la organización empresarial o institucional misma, tales como: reducción de los espacios físicos en oficinas; las jerarquías prácticamente se derribarán; habrá menos personal interno, de plantilla, y más consultores externos; la dirección tendrá que cambiar de métodos, para llevar una supervisión en la lejanía o en la distancia; habrá que redefinir límites entre la empresa y los clientes o colaboradores; todas las empresas acabarán siendo más pequeñas de lo que lo son actualmente.

El teletrabajo ha llegado para quedarse y la Covid-19 ha acelerado su implantación, pero no todo es susceptible de hacerse a distancia. Entonces, ¿cómo y en que ámbitos implantar el teletrabajo? La incorporación del teletrabajo requiere de un análisis y estudio detallado de aquellas funciones o tareas susceptibles de ser realizadas con esa forma de trabajar.

De forma general, son susceptibles de hacerse por teletrabajo, aunque sea parcialmente, funciones y tareas propias de aquellos que pudiéramos llamar trabajadores del conocimiento, como escritores, ingenieros, abogados y otros relativamente autónomos; vendedores; funciones de telemarketing; de servicio al cliente y de agencia de viajes. Muchos de estos colectivos ya vienen actuando parcialmente separados de la sede de su empresa o institución, con lo cual no será traumático el sistema de teletrabajo para ellos.

No obstante, la polémica sobre el teletrabajo está servida y, por tanto, el debate debe continuar abierto. Hay luces y sombras en su implantación. En general, hay una actitud desfavorable de los trabajadores al teletrabajo. Por su parte, las empresas ven un problema en cuanto a la dirección y la supervisión. Pero hay otro relacionado con la motivación del personal. El teletrabajo exige mucha autodisciplina y no todo el mundo la tiene o está dispuesto a imponérsela.

A mí juicio, entre los aspectos positivos del teletrabajo están: liberalización de la persona en cuanto a no estar sujeta a una rigidez de horarios y de lugar; facilitar la elección del lugar de residencia; mayor posibilidad de trabajos a tiempos parciales; posibilidad de incorporar al trabajo a personas con diferentes capacidades; descongestión de las grandes urbes; reducción del consumo energético; mejora del medio ambiente; posibilidad de una mayor integración de la vida rural en la aldea global; desarrollo de un nuevo mercado laboral telemático en el llamado tercer mundo, que frene o mitigue las migraciones humanas.

En el otro lado de la balanza aparecen los aspectos negativos, o cuando menos dudosos, que nos trae el teletrabajo y entre ellos están, junto a los ya citados y a mi entender: disminución de las relaciones personales entre empleados; aislamiento y cierta claustrofobia en casa, algunas personas pueden terminar siendo conocidas por la red, pero desconocidas socialmente.

No creo que el teletrabajo contribuya a una reducción del paro, porque la aplicación de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) llevan implícito la reducción de mano de obra en los sectores y profesiones tradicionales, por mucho que algunas voces se empeñen en afirmar lo contrario. La reducción del paro tendrá que venir por otros caminos.

El teletrabajo también trastoca muchas cosas en el orden económico y social. Es una nueva cultura del trabajo, para la que hay que estar preparados. Desaparece la tradicional división entre tiempo de trabajo, de ocio y de descanso. Así como la no menos tradicional separación entre el lugar de trabajo y otros lugares. Induce cambios tan profundos en las organizaciones empresariales e institucionales, que hará temblar la propia naturaleza de las mismas. Pero, además, supondrá un incremento sustancial en el aislamiento físico de la persona, aunque esta esté conectada a la red.

Como consecuencia de todo ello, habrá que elaborar toda una normativa nueva de carácter laboral que lo reglamente y donde se contemplen las repercusiones de carácter social y económico. Porque el teletrabajo se quedará a vivir con nosotros, condicionándonos nuestras vidas.

Ahora les dejo con Raphael y “La canción del trabajo”, pionero del ska en español, allá en 1967:  https://www.youtube.com/watch?v=TtIlmJUL874

                                                                                                Aguadero@acta.es