Viernes, 27 de noviembre de 2020

Desescalando que es gerundio

Bueno pues ya hemos cumplido 2 meses y la alarma parece que va remitiendo. Los de la fase 1 han ganado muchas cosas y los mayores, algunos aún en la 0, podemos ya salir a dar el paseíto antes reservado a los dueños de perros.

Hemos comenzado, dicen algunos, la desescalada que es la importante cuestión de plena actualidad que ahora nos entretiene a todos, además de los miles de series, películas, reposiciones, etc. El seguimiento de esta Liga de la Autonomías es emocionante porque en ella se pone en juego el ascenso de fase (que no es moco de pavo), los enfretamientos será cada vez más duros y se comienzan a detectar algunos comportamiento de juego, digamos que, poco limpio.

Desde las instituciones, las televisiones, las radios, los mensajitos de Wasap, los videos oficiales y los particulares, desde todos los lugares del planeta se nos pide (no se nos exige porque eso está mal visto hoy en día bajo acusación de comportamiento dictatorial) pues eso, se nos pide responsabilidad. Una hermosa palabra que la Real Academia de la Lengua Española define como: Capacidad existente en todo sujeto activo de derecho para reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente.

Dos cuestiones importantes. Todo sujeto activo de derecho. Segundo, consecuencias de un hecho realizado libremente. Según esto, parece que la responsabilidad, que siempre es individual, tiene mucho que ver con libertad. Lo quiero señalar porque quizás alguno no lo supiera o no entienda así, y me parece importante. Ahora repasemos en un unas breves lineas algunos antecedentes de comportamiento libre y responsable como ciudadanos hemos tenido en los últimos años.

En algún momento fuimos libres para utilizar el cinturón de seguridad en nuestros coches y los cascos en las motos, fuimos libres para no fumar dentro de los recintos cerrados, libres para no consumir alcohol o drogas antes de conducir, hay más casos, pero creo que son suficientes. Todas esas libertades, estaban en estrecha relación con el hecho de ser capaces de asumir ciertas responsabilidades, tanto para con nosotros mismo (nuestra vida y nuestra integridad física) como para con nuestros conciudadanos ¿Resultado? Todos lo sabemos, para que ahondar en la herida.

Ninguna de estas responsabilidades la asumimos libremente, ni siquiera sabiendo que su finalidad era salvarnos la vida, nos tuvieron que obligar por Ley, tocándonos el bolsillo ¡eso sí que duele! o con penas de cárcel. En todos estos casos la salud, incluso la propia vida, quedó aparcad en segundo plano ¿por qué?

Pues porque creemos que la responsabilidad de velar por nuestra seguridad, nuestra vida y nuestra salud es de las autoridades, de las instituciones públicas, hasta de los demás, ellos son los responsables, nunca nosotros. Nosotros sólo tenemos derechos, que reclamamos con fuerza, pero incumplimos constantemente nuestros deberes, que también los tenemos. Mahatma Gandhi nos dijo que es incorrecto e inmoral tratar de escapar de las consecuencias de los actos propios.

Ese indispensable vínculo que debe existir entre libertad y responsabilidad está roto desde hace mucho, y tal vez por eso nos va de aquella manera. Es más cuando llegamos a incumplir nuestra responsabilidad y la autoridad recurre a la imposición de medidas sancionadoras, sean estas económicas o de cárcel, algunos descerebrados se lanzan como energúmenos a las tribunas públicas o a las calles para vociferar denunciado recortes de libertades y conductas dictatoriales. Seguro que sois capaces de identificar algún caso.

Todas las comunidades autónomas, áreas sanitarias, provincias y colectivos, han entrado en competición por ese anhelado ascenso a la fase 1 en esta particular Liga que presenciamos cada día,  después vendrán la fase 2, la 3 y la 4 y los enfrentamientos serán más broncos y agrios. Y lo están haciendo como si lograr el deseado ascenso supusiera un triunfo político, no un triunfo sanitario, y no hacerlo un fracaso, cuando las prioridades debieran ser otras. De nuevo la salud pasa a ocupar un segundo plano, imponiéndose otro tipo de intereses, en ocasiones poco claros.

La mayoría de la gente realmente no quiere la libertad, porque la libertad implica responsabilidad y la mayoría de la gente tiene miedo de la responsabilidad. Así lo veía Sigmund Freud, muy acertadamente en mi opinión.

Si estamos viviendo este tiempo como una excepcionalidad de la normalidad que teníamos,  si no vamos cayendo en la cuenta de nuestras debilidades como seres humanos, de las deficiencias de nuestra capacidad de respuesta frente a amenazas globales y de nuestra vulnerabilidad como sociedades, cuando todo esto acabe, no habremos aprendido nada y la normalidad resultante no será nueva, será peor. Porque no podemos ver lo que se nos viene encima, una durisima crisis, como una vuelta a la normalidad, sino como una recostrucción social y económica en toda regla.   

Pues eso que cada vez habrá que recurrir más a la imposición y a la sanción que a la responsabilidad y si esto sumamos la reaparición del Sr. Aznar alentando a la Señora Ayuso y el hecho de que estamos donde estamos y somos como somos, el clima se puede calentar. ¡Qué Dios nos coja confesados!