Miércoles, 3 de junio de 2020

Nuevos tiempos, nuevas actitudes

Resulta paradójico comprobar cómo nuestros juguetes tecnológicos, los mismos que hacían de nuestro tiempo un campo acotado a los demás, se han convertido en todo lo contrario, es decir, en una herramienta valiosa para eliminar los espacios, aunque sea de forma virtual. A través de ellos, contemplamos a nuestros seres queridos, tan alejados de nosotros a causa del confinamiento.  

Pero hoy quiero hablar en mi columna sobre la nueva realidad a la que tendremos que adaptarnos. Pues las nuevas formas de relacionarnos sembrarán desconfianza en nuestro corazón, y muchas personas, acosadas por la angustia, quizá terminen recordando las palabras de Jorge Manrique: “cualquiera tiempo pasado fue mejor”. Sin embargo, no hay que dudar de la capacidad de adaptación del ser humano y, como en otras ocasiones, seremos capaces de superar esta dolorosa contingencia.  

Hemos de contemplar, además, los efectos de la soledad en muchas personas. Acostumbrados al bullicio y la actividad, el silencio prolongado, nos obliga al encuentro con nosotros mismos y, como sentenciaron algunos filósofos: puede que no estemos en la mejor compañía.

La Naturaleza, que es prudente en sus propuestas y sabia en todas sus decisiones, sitúa en el horizonte más cercano una ecuación muy difícil de resolver. Exigirá de nosotros esfuerzos añadidos para renacer más solidarios en un nuevo tiempo. La fortaleza nace de la unión de voluntades, y el éxito frente a situaciones difíciles, solo se alcanza sumando las fuerzas. No es momento de estrategias políticas sino de acciones acertadas para salvar vidas.   

La nueva etapa que nos tocará vivir es desconocida para todos; será necesario reconstruir la vida social con nuevos elementos que la hagan más firme a través de una mayor justicia social. Pues todos nuestros inventos no sirven para afrontar el futuro con la esperanza de superarlo en las mejores condiciones.  

Basta con que agitemos nuestra memoria para que aparezcan mezclados los deseos más nobles con los egoísmos más reprobables. Por eso, todos nuestros compromisos, nuestra solidaridad, el respeto hacia los demás y también hacia nosotros mismos, han de ser depurados si queremos que nuestras relaciones con los otros se recompongan. Se hace necesario, por tanto, reducir los egos y ampliar la tolerancia para evitar confrontaciones. 

Los besos y abrazos han de ser con el corazón para que nuestra alma no acuse la ausencia de cercanía. Seguro que la paciencia será necesaria para salvarnos cuando las negligencias y los fallos erosionen nuestra confianza. Nuevos tiempos y nuevas actitudes ocuparán nuestro corazón y nos obligarán a omitir el orgullo para acortar la distancia. 

El egoísmo colectivo en el que estamos inmersos ha de transformarse en fuerza arrolladora capaz de enseñarnos a vivir según las reglas del mundo natural. Pues todos somos necesarios para llenar de diversidad el mundo en que vivimos.