Miércoles, 3 de junio de 2020

Como niños

Jesús nos enseñó que sólo si nos hacemos como niños entraremos en el reino de los cielos

Seguimos con el confinamiento. Aunque se vayan abriendo ya un poco las puertas. En los sesenta días de encerramiento que llevamos, hemos vivido muchas cosas, cada uno en su pequeño agujero, y desde el comienzo de la liberación podemos ir tomando conciencia de lo vivido y de las novedades experimentadas.

Hoy ya vamos conociendo cómo han vivido el confinamiento diversas personas, pequeños y mayores, porque al permitirse ir saliendo del encierro, grandes y chicos van contando cómo han vivido la experiencia.

Los mayores tienen una conciencia especial, y la pueden comparar con otras experiencias particulares vividas. Pero es interesante, sobre todo, conocer cómo han vivido el encierro los más pequeños. Y es interesante saber cómo los pequeños han sabido adaptarse a las situaciones excepcionales. Ellos viven el momento presente, y para ellos la vida es juego, ante el que saben situarse con toda naturalidad.

Les basta saber que están viviendo bajo la mirada y el cuidado de sus padres o de otras personas mayores que los atienden. Y es suficiente tener esa conciencia de saber que sus padres juegan con ellos y se ponen a su mismo nivel. Da la impresión de que no les importa mucho el desconfinamiento. Solamente por el reencuentro con los abuelos, si es que ya los conocen y los han tratado antes. Si no, simplemente agradecen que los abuelos u otros familiares o amigos les muestren sus gestos de cariño, que enseguida saben captarlo.

Los niños agradecen muchísimo haber tenido la oportunidad de gozar de la continuidad y cercanía de la presencia de sus padres, especialmente si éstos han sabido jugar con ellos, hacer ejercicios gimnásticos, o bailar y cantar conjuntamente. Quizá al abrirse el encierro y tener la posibilidad los padres de volver a trabajar fuera, los niños sientan de nuevo la lejanía y la ausencia de los padres. Aunque los niños tienen una gran facilidad de adaptación a las nuevas situaciones.

Pero hay un aspecto de vivencia infantil que hemos podido experimentar los mayores en el largo encierro. Al menos los que vivimos en las residencias de mayores, hemos recuperado de algún modo las experiencias de vivir como un niño. Al menos yo he tenido esa sensación de haber vuelto a revivir mi infancia.

Desde luego, no tengo que preocuparme de nada, me lo dan todo hecho. Sólo tengo que cuidarme de mis entretenimientos. Da la impresión de que estoy bajo los cuidados de mis mayores, y que hay alguien que me quiere y se cuida de mí. He vuelto a ser niño. No tengo que preocuparme de trabajos, de reuniones, de encuentros… Soy niño de nuevo.

Es curioso que he tenido otra experiencia de tipo infantil. Yo suelo acostarme bastante tarde y dormir poco tiempo. No me queda espacio para soñar. O por lo menos para darme cuenta de mis sueños. Pues bien, en esta temporada de confinamiento, en que he podido dormir más tiempo y hacerlo con menos preocupaciones, me doy cuenta de que tengo muchos sueños, como ocurría cuando era niño. Es cierto que, si no tomo nota en el momento, no me vuelvo a acordar de lo que he soñado. A pesar de que, cuando interrumpo el sueño para ir al baño, por ejemplo, resulta que a veces continúo el sueño por el punto donde lo he dejado. ¡Qué felicidad poder gozar de los sueños de la infancia!

Y una última reflexión. Resulta que nuestro Señor Jesús nos enseñó que sólo si nos hacemos como niños entraremos en el reino de los cielos. Es decir, conseguiremos la felicidad. Y da la impresión de que, después de esta vivencia de realidad infantil, estamos más cerca de entrar por ese camino del reino de los cielos. Es una más de las ventajas que hemos de agradecer a nuestro forzado confinamiento. No hay mal que por bien no venga.