Miércoles, 3 de junio de 2020

Asesinatos en tiempos de coronavirus. Un doble terror para líderes y lideresas sociales en Colombia

La atención al coronavirus provoca que la sociedad civil y las instancias gubernamentales desvíen su atención a la pandemia, pero la violencia en Colombia no se ha detenido y la cuarentena, en algunas regiones del país, significa más miedo y muerte.

Liseth Ximena León Botero

Defensora de los Derechos Humanos

Cada día se publican noticias y denuncias en medios de comunicación nacionales e internacionales sobre el devastador aumento de muertes de líderes y lideresas sociales en Colombia. Al respecto surgen interrogantes que llevan a una espiral sin salida: ¿por qué?, ¿quiénes son los autores?, ¿qué respuesta da el estado?, ¿qué estrategias de protección se toman? Estas preguntas son muestra de los vacíos, los sinsentidos, la injusticia y la impunidad que allí se enmascara.

Sin embargo, es innegable que los medios de comunicación se han visto saturados de información en relación con la pandemia durante los últimos meses; acción que inevitablemente ha opacado el foco de denuncia y atención respecto a los asesinatos.

Para comprender este fenómeno, es importante destacar que, según el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz en Colombia, en 2018 se reportaron 282 asesinatos de líderes y lideresas sociales; en 2019 fueron aproximadamente 250, siendo Cauca, Antioquia y Nariño los departamentos que más sufrieron por los crímenes. Además, en lo corrido del 2020 van 71 asesinados, esto sin contar las 20 muertes de desmovilizados de las FARC.

Según el diario El Espectador (un reconocido medio de comunicación en Colombia), el pasado jueves 19 de marzo fueron asesinados tres defensores de derechos humanos en Antioquia, Norte de Santander y Putumayo. Además, la Red de Derechos Humanos del Putumayo denuncia que el pasado 4 de abril, en el departamento del Cauca, fue asesinado junto con sus dos hijos menores de edad un integrante de la Asociación Sindical de Trabajadores Campesinos de Piamonte. Anterior a eso, la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz denunció el 5 de marzo que los integrantes de esta asociación campesina fueron amenazados de muerte por grupos armados presentes en la zona.

La movilización de la atención en el coronavirus ha dado paso a que la sociedad civil y las instancias gubernamentales desvíen su foco de atención a la pandemia, y respecto a dichos asesinatos tomen una actitud indiferente, lo cual se refleja en la omisión de atención a las denuncias realizadas. En relación a esto, la violencia en Colombia no se ha detenido por el coronavirus, sino que contrario a ello, la cuarentena en algunas regiones del país significa más miedo y muerte

En este sentido, las personas campesinas de las zonas anteriormente mencionadas tienen un doble foco de miedo: por un lado, la pandemia, ante lo cual las medidas de protección a poblaciones vulnerables han sido insuficientes por parte del estado, lo que incrementa el riesgo de contagio y de satisfacción de necesidades básicas. A esto, además, se suma el incremento de amenazas de muerte y asesinatos que agobia a las comunidades… “¿estar en casa… cómo hacerlo, si nos asesinan?”, este es el pensamiento que invade a cientos de líderes que han sido amenazados y que el estar en casa implica un doble riesgo.

Esto se evidenció cuando dos líderes indígenas del pueblo Emberá-Chamí en el Valle del Cauca fueron asesinados mientras cumplían el aislamiento obligatorio. Además, una activista que se encontraba recaudando fondos en su comunidad para los más afectados por el coronavirus, fue asesinada el 25 de marzo, justo un día después de que iniciara el confinamiento.

El riesgo incrementa, ya que el aislamiento social implicó que los procesos de protección y escolta por parte de la Unidad Nacional de Protección tuvieran que seguir los lineamientos del aislamiento obligatorio; lo cual ha implicado que líderes y lideresas que han recibido amenazas de muerte, tengan que asumirlo desde el terror, ya que no hay mecanismos de protección y seguridad para ellos y sus familias.

El panorama mencionado se hace cada vez más complejo, ya que el miedo, la inseguridad y la impunidad son las constantes que rodean a estas comunidades que procuran a través de su resistencia y lucha la búsqueda del bienestar común y la paz, un propósito cada vez mas oscuro e inalcanzable en Colombia.