Miércoles, 3 de junio de 2020

Amor de Madre

Alfredo Pérez Alencart y Rosa Alencart en el aeropuerto de Maldonado  (Perú-2008, foto de  Jacqueline Alencar)

 

Hoy, en mi Perú primero (y en muchos otros países de esa América del delirio), se celebra el Día de la Madre. Aquí expongo unas esquirlas  o declaraciones que repito a diario. Y es que a diario tengo muy presente a mi madre. Debe existir una conexión directa entre madre e hijos. Es un misterio que, de nuevo, constaté la semana pasada: en el momento en que por Salamanca mi hijo me grababa leyendo un poema a ella dedicado, Rosa Alencart había sufrido una caída y la estaban atendiendo, allá por mi Amazonía natal. No lo sabía, pero sentía una profunda necesidad de decirle lo mucho que le debo.

Gratitudes debo al Amado galileo por poder seguir escuchando su voz. Gratitudes también a mis hermanos, atendiéndola siempre. Y al médico Ángel Díaz, en Lima, y a la doctora que tiene por Puerto Maldonado…

 

Rosa Alencart y Alfredo Pérez Alencart, en la calle León Velarde de Puerto Maldonado (1963)

 

I

Del corazón de una madre siempre surge la certeza del perdón: esta ley de vida es así porque el Amor que ella aquilata resulta infatigable y trascendente en su humilde encarnación. Ninguna otra brújula mejor que su corazón, conectado de forma permanente al de su(s) hijo(s): Aunque los tiempos se agrieten, aunque las adversidades diluvien momentos difíciles, una Madre persiste hasta sus últimas fuerzas y cobija y alimenta y auxilia…

El escritor argentino José Hernández decía: “Yo alabo al eterno Padre, no porque las hizo bellas, sino porque a todas ellas les dio corazón de madre”. Cierto, uno se vuelve niño y alaba la Providencia y las canciones de cuna y las múltiples muestras de abnegado amor que prodiga la Madre.

Amor de Madre nunca extenuado sobre mi frente: Hoy (y mañana y pasado y…) estamos de Fiesta, celebrando a la mujer que nos trajo al mundo. No nos abstengamos de elogiar todo su Amor.

 

Rosa y Alfredo (1964)

 

II

Madre mía

de los pasos primeros,

de aquellos días

guardados dentro.

 

Me nutre tu amor,

caliente todavía.

 

 

III

 

José Alfredo, Miluska, Rosa, Alfredo hijo, Alfredo padre y Jacqueline (Puerto Maldonado, 2014)

 

SALMO INFINITO

 

No ha de guardarse más el salmo infinito

que despierta para ir junto al corazón

de la madre dadora del puro amor

que nunca desfallece.

Oh vivientes cuidados de la infancia

y de todos los entretantos de la existencia.

Aprisa este niño ya no visible

se uniforma como cuando iba a la escuela,

seguro de ancestrales afectos.

Nada amargo se remueve en mi memoria

y sí un inventario de alabanzas

confirmando sus nutrientes.

Por venas copiosas se acumula la filiación,

se incorpora a mi destierro y repite

canciones de cuna capaces de calibrar

esta madura respiración magnetizada

por miles de horas latiendo entre las piedras.

Cuando las horas totales se sumen,

deberán apilarse con las otras que son llaves

maestras en abrir mi pecho,

con las verdeantes horas de tres lustros

cazando luciérnagas bajo la atenta mirada

de la madre de esta vida entera.

Oro genuino reluce de las imágenes

que desfilan en esos pedazos del camino

lleno de soles y lluvias, de sensible

comprensión del mundo,

de desvelos protegiendo la enredadera

del llanto.

Pronto supe de la fuerza suprema del amor

al primogénito. Pronto surcó su voz en mis mañanas

de selva y calles polvorientas. Pronto

me impregnó con sus aires de dulzura.

Si a su regazo fui feliz,

como un gran bálsamo resulta su presencia

en este mediodía de mi ser. Su testimonio

de madre es oxígeno suficiente

para las más altas escaladas.

Madre mía, me coso a ti con el hilo

indestructible del amor que no se evade,

el mismo amor que a los dos

nos va sobreviviendo.

 

Publicado en Memorial de Tierraverde (Lima, Lamcon, 2014)

 

Los hermanos Pérez Alencart, con sus padres Alfredo y Rosa

 

Para Miluska, Salomón y Carlos Domingo,

hermanos tan queridos que están

con ella  a todas horas.