Miércoles, 3 de junio de 2020

Con flores a María en el deconfinamiento

Necesitamos contar con apoyos físicos, morales y espirituales

Por fin, después de largos días de confinamiento, hemos llegado al florido mes de mayo. La verdad es que las prácticas del mes de mayo en lo que se refiere a las cuestiones religiosas tradicionales han ido decayendo en cuanto a amplitud en las manifestaciones eclesiales, o incluso en las prácticas familiares. Pero aún se estaban manteniendo las fórmulas más elementales y menos oficiales.

Este año incluso el Papa Francisco ha dado un empujón a esas prácticas tradicionales invitando a rezar el Rosario en familia durante este mes de mayo. Esta práctica, aun en la situación de confinamiento que estamos viviendo, puede estar favorecida por contar con más tiempo disponible y presentar una experiencia familiar más profunda al poder gozar de más horas de vivencia en común.

Esta práctica del rezo del rosario tiene más problema en cuanto a las oportunidades de reunirse en la iglesia o en lugares comunes para esa práctica oracional. Igualmente hay dificultades por lo que se refiere a la otra práctica tradicional, de expresión preferentemente infantil, de recoger flores del campo o del jardín y acudir al lugar de culto público para ofrecer esas flores a la Virgen, Madre de Dios y Madre nuestra. No siempre se tienen las flores a mano, por la dificultad de salir de casa, y por el inconveniente de que seguramente se encuentran cerradas las floristerías debido a la situación de declaración de alarma por razón de la epidemia del coronavirus.

Aunque las prácticas externas aparezcan más limitadas, sin embargo, da la impresión de que este año hay una profundización mayor en lo que se refiere a la devoción a la Virgen María. Quizá por el sentimiento de limitación de la salud y de amenaza de muerte vivida en número abundante y en personas cercanas por razón de familia, vecindad o amistad.

Así, el Papa ha ofrecido diversos modelos de oración a la Virgen pidiéndole ayuda y protección ante la terrible pandemia que nos afecta. Y están proliferando estas prácticas oracionales, con carácter general, favorecido por los medios telemáticos que hemos parecido descubrir o por lo menos tenemos más ocasión de práctica común.

En el fondo, está dando la impresión de que estamos necesitando contar con apoyos físicos, morales o espirituales. Quizá es el recurso de volver al apoyo en la madre o de vuelta al seno materno. Parece que el confinamiento está favoreciendo el descubrimiento de una dimensión humana superior, en la que el silencio más frecuente y formal, y la reclusión al mínimo espacio nos ayuda a profundizar en las dimensiones más humanas y espirituales.

Quizá tengamos que volver a nuestra infancia y retornar a cantar aquello de “Venid y vamos todos, con flores a porfía, con flores a María que madre nuestra es”. Y que cojamos nuestro ramo de flores y nos acerquemos a la madre con amplitud de amor filial, que fortalezca nuestra confianza y nos permita crecer sin miedos y afrontar los temores futuros con seguridad y con espíritu de adultos que asumen con responsabilidad y eficacia su futuro, y que están dispuestos a compartir sus bienes y sus capacidades con aquéllos con los que conviven.

El mes de mayo ha llegado. La primavera ha venido. Y tenemos oportunidad de desconfinarnos y de continuar adelante con ilusión, confianza y responsabilidad. Que vuelva el tiempo de la creatividad y de la productividad más efectiva.