Miércoles, 3 de junio de 2020

Diario de una pandemia (y 17; pero, ¡ojo!, esto sigue)

 

MARTES 5: LOS PUNTOS Y SEGUIDOS

De la crisis del coronavirus se habla, sobre todo, en dos de mis grupos de whatsapp de amigos. Uno de ellos sería claramente objeto de esas impropias tareas de “minimizar el clima contrario a la gestión de la crisis por parte del Gobierno” encomendadas a la Guardia Civil, admirable por tanto, degradada a esos encargos oscuros. En el otro grupo, sin embargo, cada crítica al Gobierno, siempre matizada y motivada (sólo comparto las imprescindibles), a menudo encuentra su excusa y se recurre a la oposición a la oposición. No quiero a unos más o menos que a otros porque pensemos igual o diferente, sólo faltaría… Les conozco y les aprecio como son, voten a quien a voten, o ni voten. Pero, con ellos como con todo, hay que saber hacer los puntos y seguidos en el debate y continuar, en la siguiente frase, con la amistad.

La pausa para respirar, así lo creo, era necesaria. Las comas que nos oxigenaran en un párrafo árido, cruel, teñido de lágrimas ocultadas. Muchos puntos suspensivos para ahorrar adjetivos  o exabruptos. Había quien defendía seguir leyendo, sin detenernos. Hoy, superado lo peor, o al menos así nos lo presenta el Gobierno en su plan, algunos tenemos cierto miedo a la reanudación, ya sea con alarma por decreto o sin ella, al amparo de una ley o de otra, que mecanismos existen para gobernar sin recurrir a la bajeza de amenazar con el caos y sin echar rebrotes y muertos futuros encima de nadie. Es un temor, el mío, nacido de muchos días de lectura ocasional de esos párrafos áridos y crueles, pero con las lágrimas a la vista: porque recuerdas cuando pusiste tu fonendoscopio enfundado con un guante sobre el pecho de alguna persona y escuchaste lo que no querías, o porque la cifra que marcaba tu pulsioxímetro con su dedo dentro no subía lo que anhelabas. Hubo en ellas punto y seguido… pero también punto y final. Si me ocurre a mí, que he sido un lector muy esporádico, quién sabe qué sentirán los frecuentes o los constantes. Nos costará reanudar, pero hemos de hacerlo.

Mientras aquí sigamos, a falta de día y hora que nadie conoce, se trata de puntuar y seguir. No tanto de volver sino de descubrir qué es lo mejor ahora. De adelantarnos con visión de futuro, esa encomienda que se hace teóricamente a los gobernantes y políticos pero que, en la práctica, reduce el horizonte a la siguiente votación. Abusan del punto y aparte, como si quisieran una página de la Historia para ellos solos. Yo a mis amigos, piensen lo que piensen, los quiero siempre en la siguiente frase (¡y en la siguiente fase!) y, por supuesto, en el siguiente libro. A Tere, con particular ansia, en el siguiente brindis de las ocho.

 

MIÉRCOLES 6: ELOGIO DE LO INCONCLUSO

Los programas deportivos que suelo escuchar en la COPE (los nacionales, claro) conservan sus horarios pese a la ausencia de competición. Paco González continúa con sus maratones de Tiempo de Juego los sábados y domingos aportando algunos excepcionales minutos de radio, ajenos casi siempre al deporte. Cuando empiezan a hablar de los protocolos para el regreso del fútbol, jaleados por los periodistas que saben que les va el sueldo en ello, me canso y apago el transistor o silencio la página web. No es deporte, sino industria, así que no considera dejar la temporada desierta. Muy mal tendrían que ir las cosas para que renunciaran a jugar esos simulacros de jornadas sin público, con los jugadores concentrados/confinados en un hotel, incluso sopesaban cambiar a media competición la regla de las sustituciones… Pantomima de Liga y final de Copa aplazada, con lo que es probable que sean plantillas distintas las que la disputen. Constituirá una rareza discutible en el palmarés.

Nuestra finitud y pequeñez, a veces por inconstancia, otras por incapacidad, o por injusticias o circunstancias ajenas a quien la emprendió, ha dejado sin concluir muchas de las obras humanas. Las divinas siempre se llevan a término, aunque no logremos entrar en el misterio de su culminación. Podemos sentirnos contrariados o insatisfechos ante un cuadro inacabado, ante una novela sin desenlace, ante un edificio a medio hacer o ante un proyecto cancelado a la mitad. Mejor, podríamos atrevernos a preguntar por qué y toparnos con la muerte, con la guerra, con la enfermedad o con la miseria. Detrás de lo inconcluso hay mucha humanidad, esa vertiente dolorosa de su ser y también la aceptación de la limitación. No somos dioses, gracias a Dios.

 

JUEVES 7: LA CALLE DE LA FE ENTRA EN FASE 1

Me confiesa Tamara, desde el observatorio de su panadería, que el porcentaje de clientes que entran sin mascarilla aumenta día a día. Tras el mostrador, se teme que nos estemos confiando demasiado pronto, y ha apreciado abuso en los tramos horarios y descuido en la protección. Psicológicamente, conocida la autorización del Gobierno a salir a la calle, y sin apenas control del cumplimiento de las reglas, sentimos haber entrado en esa fase 1 que experimentan por ahora algunas islas, y entramos en la panadería de Tamara como no debemos.

Esta calle de La Fe, igual que la de Berrueta, carece de puertas, así que he decidido que también acceda hoy. No tiene, por tanto, las bisagras que espantan a Girauta, que encandilan a Igea y a las que se arrima, sin demasiada sustancia y a la desesperada, Inés. Es poco transitada, pero pasó una vez un coche con la bandera de España y le fue dado el alto por la Policía. Seguramente fuera por circular por una calle peatonal. En esa interceptación andaban cuando cruzó Don Aitor con su tractor tirando de un remolque lleno de nueces; en la mano, todo contento, llevaba una con forma de Zona Básica de Salud Condado de Treviño (territorio Sacyl, se suponía), y se puso a hablar de los enclaves en su papel de hombre sabio de provincias que sienta cátedra en Madrid... a quien se deje. No decae la alarma pero sí el mando único. Volvemos, no lo dudaba, a la dichosa híper-descentralización. Sarna con gusto no les debiera picar.

Así que bien está dejar aquí, en simbólicas diecisiete entregas, número primo, este Diario de una pandemia que guarda luto desde el principio, que ha tenido mucho de obituario y que se ha escrito con las mismas manos que han anotado coronavirus en varios informes asistenciales y en un certificado de defunción. Sí, papeles de esos con nombre y apellidos arriba, con toda una historia personal detrás… pero ya no por delante en ese caso (y en decenas de miles en España).

Seguimos haciendo el primo como el infante Antonio Pascual de Borbón, subyugado por el francés en 1808. El primo al no tomar medidas a tiempo (se sabe ya que se sabía, por lo que se podía y se debía haber hecho). El primo al hacer compras de equipos de protección y pruebas y ser engañados, pagando un alto precio en enfermedades y en vidas. El primo al no racionalizar nuestro superpoblado consejo de ministros, y la retahíla de consejerías, parlamentos autonómicos, organismos duplicados o triplicados y demás agencias de colocación, en las que se impugna la Constitución del 78 o se manosea a conveniencia. El primo al confiar la gobernabilidad de España a quienes anhelan su disolución y a quienes sugieren trocear su soberanía nacional. Ojalá no sigamos haciendo el primo en las fases 1, y 2, y 3, y en la nueva realidad que nos aguarde, con sus repuntes y oleadas, que vendrán. Mejor sería si abdicásemos, antes de nada, de narraciones épicas y falsas: a la vista del listado de muertos (los contados y los reales, que son muchísimos más) y de la cantidad de profesionales sanitarios contagiados, escuchar al presidente Sánchez hablar de “victoria parcial contra el virus” me suena a broma macabra impropia de su cargo.

Aún peor, por ser colega: que Fernando Simón, médico y enfermo recuperado, declare sobre las enfermedades en sanitarios que “en su mayoría han sido casos más leves que en la población general” me suena a injusta relativización del riesgo asumido, que no precisa ninguna propina porque es nuestro trabajo pero no merece tampoco ningún comentario de este tipo. Sabe que el número de pruebas hechas a profesionales, aunque tarde y con limitada sensibilidad, es mucho mayor que el realizado en la población general, por lo que es muy atrevido por su parte afirmar eso a partir de datos no comparables. Se espera rigor de Simón, mucho más que de sus desnortados superiores. Porque muy orientados no parecen cuando el BOE de la “desescalada” cuantifica únicamente la capacidad de habilitar nuevas camas de UCI y de enfermos agudos (otra vez el hospitalocentrismo), prescindiendo de datos objetivos que fijen umbrales epidemiológicos. Se apostó el 3 de mayo desde el Ministerio de Sanidad, desde el Gobierno de España con mando único y bajo estado de alarma, por renunciar a la objetividad y por pensar en cómo mitigar un rebrote antes que en contenerlo. Es la diferencia entre la “desescalada ideal” que necesitaría España y cualquier país, y la “desescalada real” que plantea su gobierno pero no plantearía cualquier gobierno (¡busquemos, exijamos, la excelencia en nuestros gobernantes, algún día!),  resumida por Mónica Lalanda en esta viñeta.

Cierro el diario pero la pandemia sigue, y lo mismo esta Calle de la Fe s/n de los sábados, de vuelta a su cadencia quincenal.

 

VIERNES 8: VÍA LUCIS EN FORMA DE TRÍPTICO, A MODO DE EPÍLOGO

  1. I. Ceguera

     

    Érase una vez una Pascua oscura

    a los ojos de quien mirar no sabe

    por no tener un Siloé que lave

    de sus ojos el velo de negrura.

     

    Cuesta alzarse, mirar hacia la altura,

    darse entero y que su dedo grabe

    sobre tu piel su signo, y sea la llave

    de tu puerta cerrada a la ternura.

     

    ¡No tardes, Señor, prende en mí tu llama

    que encendiste pensando en mí en la noche,

    porque aún, Jesús, no me sé incendiado!

     

    ¡Quítame esta venda! Mi alma clama

    cegada, y hasta ahogada en el reproche,

    sin tu barro de amor resucitado.

     

  2. II. Galilea

     

    “Id allí, corred, decid que vayan.

    Mirad, ved el sepulcro, está vacío.

    Guardadlo como prueba del envío.

    Deprisa, vamos, conseguid que salgan.

     

    Insistidles, es hora de que hagan

    el camino en el que yo les guío,

    sacadlos de la duda y del desvío,

    llevadlos al amor de los que aman”.

     

    ¿Me pides, Tú a mí, tanta tarea,

    a mí que dudo tanto, y que me encierro,

    que doy rodeos y que amar me cuesta?

     

    “A ti, también te espero en Galilea:

    allí donde termina tu destierro,

    allí donde comienza nuestra fiesta”.

     

  3. III. Resucitado de Salamanca

     

    Las heridas de cuando te azotaron,

    que tu espalda llevaron al abismo,

    que fueron sanación de mi egoísmo

    y mi falta de amor cicatrizaron,

     

    ¿dónde fueron?, ¿acaso se curaron?

    Te miro y no las veo, ¿da lo mismo?

    Las busco y las encuentro en mi bautismo,

    y sé que con su sangre me lavaron.

     

    Esas heridas, por piedad limpiadas,

    no me impiden poder reconocerte

    cuando miro tu espalda y no las veo.

     

    Sé hallarte en las encrucijadas.

    Sé sentirte dentro y fuera, y verte,

    y seguirte, Jesús, porque en Ti creo.

     

     

     

    Fotografía de Alberto García Soto. Jesús Resucitado (Cofradía de la Vera Cruz – Salamanca)