Viernes, 14 de agosto de 2020

Manos cortadas

Los asirios les cortaban las manos a sus enemigos muertos. Si le amputas a un hombre la mano derecha, no podrá empuñar las armas para defenderse ni valerse por sí mismo. Estará a la intemperie de todas las inclemencias, como lo estamos si no cuidamos a quien nos cuida… sin embargo, qué costumbre atroz cortarnos nuestras propias manos, sociedad abyecta que cercena lo más necesario y se queja cuando lo precisa. Cortamos nuestras manos, las arrojamos lejos y ahí quedan, acusándonos. Cortamos nuestras manos y ahí siguen, recordándonos lo mucho que las necesitamos… cortamos nuestras manos y nos perdemos en medio del miedo y de la falta… sin empuñar la ayuda, el auxilio, la calma…

          Hemos sido suicidas, y ciegos y soberbios, nos hemos cercenado lo más necesario. Y las manos que no tocan, que no cuidan, que no acompañan en el último momento, yacen ahí, abandonadas y acusadoras… mientras la primavera del confinamiento florece a solas, aliviada por nuestra ausencia, capaz ella sí de rehacer lo podado, lo cortado, lo que nosotros no podremos hacer crecer… por mucho que queramos.