Viernes, 7 de agosto de 2020

El bellaco y el cura...

Era Villanueva un lugar de gran pobreza, y de tal vanidad en sus moradores que por ella se diría aquel proverbio: De dones, pendones y muchachos sin calzones. Sucedió que el cura del lugar se encontró con un bellaco, conocido en esos andurriales por sus fechorías, que le pidió confesión, mientras le asía presuroso de un brazo para que se dirigieran a la iglesia. Al entrar por la puerta del templo el bellaco le sustrajo un reloj de la faltriquera.

En confesión le dijo al cura que había robado una alhaja de gran valor. El sacerdote le recriminó a que la devolviera para que pudiera absolverlo totalmente. El falso arrepentido le replicó que era mejor dársela a él y que dispusiera lo correcto. El cura se negó diciendo que no podía ser, pues se convertiría en cómplice del desaguisado. - Pues sepa, padre mío, que yo intenté devolverla a su dueño y no la quiso – dijo el tunante... - Eso ya es otra cosa... – contestó el cura...

El bellaco desapareció y echando de menos su reloj, el cura se dio cuenta de la ingeniosa sustracción de la que había sido protagonista. Los tiempos cambian y los personajes se adaptan. La conducta humana siempre ha sido la misma.

Uno de los valores que más aprecian las personas es la libertad. Da igual que sea física, política, religiosa, etc. y más se nota su ausencia cuando se está privado de ella. Pero el problema filosófico es si el hombre es realmente libre pues vive en comunidad. Nos planteamos el problema si podemos decidir o hacer libremente lo que queremos. El tipo de libertad física, social o aparente, que más se airea y del que más se habla, sin negar su importancia, no es desde el punto filosófico tan importante, lo es más la cuestión de la libertad de la voluntad, libertad de querer o libre albedrío. Se trata de averiguar si lo que queremos lo queremos libremente, es decir, si cuando actuamos con un acto voluntario tal acto es libre y hubiera sido posible haber querido realizar un acto distinto y sentirnos igualmente libres.

Parece que, caso de ser libre la voluntad humana, esta libertad sería algo exclusivo del hombre dentro de los seres del universo, de ahí la importancia de la cuestión. Los seres inorgánicos no actúan libremente. Venus no ha elegido su órbita, tampoco los vegetales y ni siquiera parece que los animales gocen de la libertad del ser humano, ni los virus... Parece que actúan encadenados por un conjunto de instintos y reflejos aprendidos por decirlo llanamente. Sólo en el hombre se ha planteado este problema ya que se ha planteado desde los inicios del pensamiento filosófico o trascendental.

Al preguntarnos si es realmente libre la voluntad del hombre en sus decisiones vemos que la voluntad humana no es nada previsible ya que siempre hay seres humanos que podemos decir obran sin juicio o lo tienen permanentemente de vacaciones, otros con juicio pero con juicio libre y los menos con sentido común. El juicio del hombre no es sólo instintivo respecto de las acciones particulares sino racionalmente discursivo, pues obra con libertad de juicio pudiendo decidirse por cosas opuestas, incluso por cosas que le perjudican. Luego necesariamente siendo el hombre un ser racional, que tiene conciencia de su existencia, es, por lo mismo, al menos en apariencia libre en su albedrío. De ahí la falta de previsibilidad de las acciones humanas y la necesidad de establecer normas de convivencia para no caer en el caos aunque siempre habrá algún bellaco que nos robe la faltriquera.