Viernes, 27 de noviembre de 2020

Responsabilidades

El otro día se nos murió Michael Robinson. Demasiado pronto, según él y nosotros. Demasiado tarde, según el pronóstico de los médicos. Será porque siempre fue muy tozudo. No hablo de una estrella del fútbol, aunque lo ganó todo con el Liverpool, sino de un buen futbolista con un vicio: veía un balón cerca, se le llenaba el cuerpo de avaricia de gol, y chutaba. Me parece que fue su compatriota Sammy Lee, que le acompañó en su aventura española, el que dijo: a Robinson le mandas un burro desde la banda al área y se lanza como un poseso a rematarlo de cabeza.

Michael y Sammy coincidieron jugando en Osasuna, el final del camino. Antes lo habían hecho en el Liverpool, de donde es Sammy, y en eso no coincidieron porque Michael era de Leicester. Tampoco coincidieron en la selección inglesa, porque Michael, aún siendo inglés, decidió jugar siempre con Irlanda.

Cuando Michael llegó a Pamplona creyó que se había equivocado. ¿Esta ciudad es Pamplona? -dijo. Sí es Pamplona -le contestaron. Pero yo busco otra que se llama Osasuna -insistió el inglés. Y en Osasuna, aclarado el asunto, fue muy querido. Y mucho tuvo que ver ese vicio de husmear un balón y chutarlo a portería. Se retiró demasiado pronto.

Y cuando dejó de ser futbolista, empezó  lo bueno. Ahí nació el gran comunicador que fue. Y todo gracias a mi amigo Alfredo Relaño que entonces me dijo: he descubierto a un inglés que sabe hablar de fútbol como nadie. Acompañé a Alfredo a ver al inglés a la Torre Picasso, que era la sede del gran imperio PRISA antes de que Cebrián lo convirtiese en ruinas y tuviesen que acudir a su rescate la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría y el Banco Santander. Muerto Polanco, el Titanic se había ido a la mierda. Supongo que ahora se entiende el bandazo de su línea editorial.

Cuando Alfredo Relaño le propuso a Michael Robinson hacer “El día después” y comentar los partidos en directo, el inglés le respondió: de acuerdo, me pongo a aprender bien el español. Y Alfredo le contestó: ni se te ocurra, sabes todo de fútbol y el idioma que hablas es lo que busco.

Michael se ha muerto hablando muy bien un español riquísimo de metáforas, mientras su compañero Carlos Martínez lleva toda la vida narrando los partidos sin saber lo que es la concordancia dentro de la oralidad de la sintaxis.

La otra noche, hablando con el grupo de tertulianos de mi pueblo, se preguntaban todos por qué nuestro paisano Elías hablaba tanto de Elio Cotena. Yo dije que había visto boxear al italiano Elio Cotena, y perder en 1976  su título de campeón de Europa a manos de un muchacho manchego llamado Nino Jiménez. Dicho sea de paso: Nino Jiménez le dio una paliza a José Bisbal, que era un honrado boxeador y padre del ahora millonario David Bisbal.

Y fue José Antonio, el único militar con sentido del humor que conozco, quien me dijo: te ha salido el periodista.

El periodista dormido me sale ahora muchas veces, porque es como el vicio de Michael Robinson con el balón. El periodista de entonces, cuando apenas había periodistas en las redacciones de los periódicos: estábamos todos en la calle. Ahora los periódicos se hacen desde los despachos, el mundo cambia.

A mí me sale el periodista de despacho con sangre de calle. Y salto como el delantero centro del Liverpool cuando oigo al presidente de la patronal hostelera enseñar la patita: le importa el dinero, no los muertos. Menosprecia a un gobierno que sigue los pasos que le dicta el Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias dirigido por el doctor Fernando Simón. Y es que, señor presidente de la patronal, tiene que saber una cosa: a su restaurante no podrán ir a comer 25.000 cadáveres españoles, y más de 200.000 infectados por el coronavirus. A ver si se entera.

Oyendo a la patronal, ya sabemos que había otra manera de conducir el país durante la pandemia: otro gobierno que no buscase la solución sanitaria, sino la urgencia de la producción que es lo que ha querido siempre la derecha española.

No vendría mal un poco de respeto para el doctor Fernando Simón, el motero que habla seis idiomas, y sobre todo sabe de lo que habla. Dentro de sus pantalones pitillo hay un experto científico que se ha formado en España, Inglaterra y Francia. Y conoce -porque lo ha vivido junto a su mujer también científica- cinco países africanos y dos americanos azotados por pandemias.

Cuando Mariano Rajoy lo rescató para nuestro país hizo lo mejor de su legislatura. Cuando este gobierno lo mantiene en su puesto, ha tomado una decisión responsable.

Y termino con una pregunta que se hacía hace poco mi amiga y  periodista Pilar Jiménez: estoy harta de leer que se ha actuado tarde. Seamos honestos ¿os hubierais quedado en casa el 5 de Marzo con 300 infectados si no somos capaces de hacerlo ahora con más de 200.000?

Bendiciones a la clase médica que trabaja con pocos medios y nos pide responsabilidad a los españoles. Nos pide responsabilidad toda la escala laboral de la clase sanitaria. Ya valdría con pedir responsabilidad del doctor Fernando Simón. Incluso el ministro de Sanidad. Pero una pregunta, a la manera de Pilar Jiménez:

¿Dónde estaba la mayoría de los santiarios cuando otros compañeros se manifestaban los sábados denunciando el desmantelamiento de la sanidad española por parte de quienes nos gobernaban entonces?

Responsabilidad, una palabra que alcanza a todos.