¿Cómo tratamos a los niños y a los mayores?

¿Qué actitudes básicas tiene nuestra sociedad con los niños y con las personas mayores?  Este tiempo de casi dos meses de alarma nacional y confinamiento nos ha dado la oportunidad de percibir cuáles son las actitudes y conductas que predominan en el valor y el cuidado que nuestra sociedad dispensa a los niños y a los mayores.

Podríamos decir, siguiendo el refranero español: “Dime cómo tratas a tus mayores y a tus niños y te diré en qué tipo de sociedad vives”. Pues en este punto del cuidado y valoración de los niños y los mayores se sitúa la frontera de civilización que divide a las sociedades en primitivas  o civilizadas con leyes y conductas protectoras.

Lo sucedido en nuestro país con los miles de ancianos de las residencias de la mayor parte del territorio nacional, que ha representado la mayor desgracia de esta crisis (la mitad o más del total de muertos por el covid-19), demuestra que existía ya previamente al comienzo de la pandemia una AUSENCIA RADICAL DE CUIDADOS BÁSICOS en estas residencias. El virus se introdujo en las residencias por una falta llamativa de prevención sanitaria y por una falta de respuesta terapéutica eficaz con los primeros casos de contagios y con las primeras muertes; no había en ellas ni personal especializado ni medios materiales para atajar los numerosos contagios. Esta falta existía tanto en la mayoría de las residencias públicas como en las privadas.

Esta dolorosa experiencia que quedará para muchos años como el capítulo negro de la sanidad española, muestra que los mayores y los ancianos de nuestra sociedad no son el grupo de población hacia donde van dirigidos los cuidados sociales y sanitarios. Los tres grandes valores de los mayores, su experiencia laboral y/o profesional, sus conocimientos acumulados a lo largo de la vida y su ponderación y serenidad en la toma de decisiones, no son valores que importen en nuestra sociedad de usar y tirar.

No ha habido felizmente con la población infantil ninguna tragedia comparable a la de los mayores, pero sí ha habido varias decisiones que han revelado la ausencia de cuidados y criterios claros sobre la infancia. Las dudas sobre qué criterios determinarían la  salida progresiva al exterior de las niñas y los niños ( primero hablando el Gobierno de que acompañarían a los padres en sus compras a los supermercados o a las farmacias, y luego corrigiendo) y en qué momento se permitirían estas salidas a los niños  (solamente la alcaldesa de Barcelona hizo oír su voz  pidiendo o exigiendo la salida diaria de los niños acompañados ) indican la falta de rigor en las políticas de la infancia. Si a estas dos circunstancias añadimos la decisión de la comunidad de Madrid de alimentar durante dos meses a los niños en riesgo social, con una dieta diaria compuesta de  pizzas y bocadillos, habrá que concluir que tampoco la infancia en España está protegida y atendida como la base de nuestra sociedad futura.

“Dime cómo tratas a tus pequeños y a tus mayores y te diré qué grado de civilización has alcanzado”; a nuestra sociedad le falta mucho para llegar a esa frontera que separa las sociedades regidas por principios éticos y morales, de las que se rigen por la ley del más fuerte o del más manipulador.