Sábado, 28 de noviembre de 2020

Nueva Normalidad

Bueno pues mi admirado Joaquín Sabina ya tiene respuesta a esa pregunta que se hacía El hombre del traje gris[1] cuando sacó su sucio calendario del bolsillo y grito ¿Quién me ha robado el mes de abril? El COVID-19.

Lo que muchos no saben es que las historias que cuenta el hombre del traje gris desde una imaginaria posada del fracaso, son historia de sueños rotos y esperanzas perdidas. Como la de Lola a cuyo escote no se asomaban los hombre por considerarla fea; la del perdedor que confiesa que la única medalla que ha ganado en la vida era de hojalata y decepción o la de los perros del amanecer que ladran a la hora que pasa el camión de la basura, a la hora de crecer, a la hora de perder; son fruto de un encargo que realizaron a Sabina para la banda sonora de una película que dirigió el leridano Francesc Betriu y fue protagonizada por Alfredo Landa, Ana Obregón y Maribel Verdú. Se tituló “Sinatra[2]” y se estrenó en 1988. En ella se narra la vida de un mediocre imitador de Frank Sinatra que malvive actuando en diversos locales de Barcelona. 

Pero este virus no sólo nos a robado a todos el mes de abril, también nos está robando la primavera, el sol, el aire fresco y la libertad de movimientos, somos víctimas de su pandemia, una pandemia para la que nadie estaba preparado. Veremos qué pasa con el verano, el otoño y el invierno. 

Ahora, tras más de 40 días de “Resistiré”; de aplausos en ventanas y balcones; de hacer todos los curiosos desafíos a los que nos animan desde múltiples grupos de wasap; de ver las series más recomendadas; de limpiar y ordenar el trastero, el garaje, la casa; de cocinar dulces sanos; de hacer ejercicio paseando por el pasillo de la cocina al baño o levantando botellas de agua; de escuchar interminables informes, recomendaciones, consejos y muchas, muchas, falsas noticias; pues ahora, comenzamos a oír hablar de la desescalada hacía una nueva normalidad y claro, uno se pregunta: ¿qué quieren decir con eso? ¿cuándo todo esto pase viviremos una “nueva normalidad”? 

Nueva” sabemos lo que es, aquello que se percibe o experimenta por primera vez; pero ¿y “normalidad”? La Real Academia de la Lengua dice: Cualidad o condición de normal. ¿y qué entendemos por normal? Aquí la cosa empieza a complicarse.

Y es que el adjetivo “normal” lo usamos con mucha frecuencia, aunque no siempre con precisión. Por ejemplo lo identificamos con lo lógico o lo natural. Decimos que es normal estrechar la mano a una persona que nos presentan, pero en muchas culturas sería una falta de educación. En China era normal escupir en el suelo, sin embargo el Gobierno chino quiso evitar que esto pudiera resultar desagradable a extranjeros que asistieron a los Juegos Olímpicos de Pekín en 2008.

En numerosas ocasiones normal, se usa para distinguir lo correcto de lo incorrecto, el bien del mal, lo moralmente admisible de lo inmoral, y también para discriminar comportamientos de personas o colectivos cuando estos no cumplen con los cánones establecidos como normales, cuando no respetan los modos de actuar, de pensar o de creer de las mayorías. Este es uno de sus usos más perverso, porque implica que aquello que se enfrenta con lo normal es tachado de patológico o anormal.

Pero la normalidad cambia según las épocas históricas, las clases sociales, la etnia a la que uno pertenece o la religión que practica, la zona del mundo en la que se vive, etc.; el concepto de “normalidad” siempre es una elaboración colectiva, nunca individual, ya que cuando hablamos de normalidad siempre lo hacemos desde el interior de una comunidad concreta.

Michel Foucault, historiador, psicólogo, filósofo y sociólogo francés, afirmaba que: Cuando algo no puede enunciarse en términos de bien o mal, se expresa en términos de normal o anormal. Y cuando se trata de justificar esta última distinción, se hacen consideraciones sobre lo que es bueno o nocivo para el individuo.

Si nuestras autoridades al hablar de una nueva normalidad, se refieren a que todos prestaremos una mayor atención a los colectivos más vulnerables – niños y niñas, mujeres, ancianos, etc. -, que seremos más respetuosos con los demás, que será posible ejercer el derecho a la vivienda, al trabajo, a la salud y la educación por parte de todos los ciudadanos; que se incrementaran las inversiones públicas en cultura, en investigación biomédica e infraestructuras sanitarias, yo me apunto; incluso a costa de tener que mantener la distancia social, la limitación de movimientos o renunciar a las cañas con tapa en las barras de los bares.

Pero si se refieren a que las cosas volverán de nuevo a la normalidad, a la vieja normalidad, a la normalidad excluyente, cobarde, corrupta, mal educada, falta de previsión y timorata, a esa normalidad que ha permitido que hoy se sienten en los mismos sillones y ocupen importantes puestos de responsabilidad muchos de aquellos que hace años atentaron gravemente contra la investigación científica, la cultura, educación o la salud pública con despiadados e infames recortes, pues entonces, desde este mismo momento, me declaro disidente. Porque no es lo mismo volver de nuevo a la normalidad (volver siempre supone un retroceso) que avanzar hacia una nueva normalidad. 

Compartamos lo dicho por Víctor Hugo: El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad. Creemos nuevas oportunidades.

 

[1] Sexto disco del cantautor español que salió a la venta en 1988