Viernes, 14 de agosto de 2020

“La fe es una luz que nos sostiene y nos fortalece en medio de esta pandemia”

El sacerdote se recupera tras ser diagnosticado por coronavirus. Cada día lleva la eucaristía a centenares de familias a través de su perfil en Facebook
Juan José Calles retransmitiendo una de sus eucaristías a través del canal de Facebook

Juan José Calles es vitigudinense. Es el párroco de Cristo Rey, en el corazón del Barrio Vidal. Además, forma parte del equipo de capellanes del Hospital Clínico y del Virgen Vega. Hace unos días quiso dar voz en el perfil de la Diócesis de Salamanca a la situación que está viviendo en las últimas semanas: el día 23, tras realizar las pruebas pertinentes, en el Hospital le confirmaron que los resultados eran positivos y que estaba infectado por coronavirus. Días antes había empezado a perder los sentidos del gusto y el olfato. Esa misma noche le dieron el alta y, desde entonces, está confinado en la casa parroquial guardando la cuarentena. No ha dejado de trabajar, y cada mañana centenares de personas han seguido sus eucaristías desde su perfil personal de Facebook. Nuevas formas de comunicación. Fe 2.0.

¿Cómo se encuentra? ¿Cómo está siendo la recuperación tras conocer el diagnóstico?

Estoy bien, aunque como la mayoría de los ciudadanos, en casa, confinado, viviendo en soledad y guardando la cuarentena debido a ese diagnóstico. Tras una semana sometido a un fuerte tratamiento con las pastillas que he estado tomando, mi organismo ha ido recuperando su normalidad y al día de hoy, aparentemente, creo haber superado los efectos del contagio. Yo me encuentro, gracias a Dios, bien, y puedo llevar una vida normal.

¿Qué papel ocupa la fe en estas semanas tan complejas?

La fe se comprueba ante las situaciones difíciles y estamos, sin duda alguna, viviendo una prueba muy fuerte que nos interpela a todos y a los cristianos también. La fe, en estos momentos es una luz que nos sostiene y fortalece en medio de la tempestad que está suponiendo la pandemia del coronavirus. En la iluminadora meditación del Papa Francisco en la entrada de la Basílica de San Pedro del día 17 de marzo, él nos confirmaba en la importancia y necesidad de la fe para este momento al decir que “el comienzo de la fe es saber que necesitamos la salvación. No somos autosuficientes; solos nos hundimos. Necesitamos al Señor como los antiguos marineros las estrellas. Invitemos a Jesús a la barca de nuestra vida. Entreguémosle nuestros temores, para que los venza. Al igual que los discípulos, experimentaremos que, con él a bordo, no se naufraga. Porque esta es la fuerza de Dios: convertir en algo bueno todo lo que nos sucede, incluso lo malo. Él trae serenidad en nuestras tormentas, porque con Dios la vida nunca muere”. Sin lugar a dudas, la fe en el Dios de la vida, en Jesús Resucitado y en el Espíritu consolador, nos mantiene en pie y con esperanza.

¿Cómo surgió la idea de esas eucaristías online a través de Facebook?

Yo jamás había pensado en estar viviendo una experiencia así. La inspiración de esta iniciativa me la propició un feligrés el primer Domingo del confinamiento doméstico al pedirme que grabara un vídeo con una exhortación homilética para los feligreses pues, evidentemente, se habían suprimido las misas en las parroquias y ese domingo se sentían un poco como “huérfanos”. Y fue justamente en ese instante cuando pensé: ¿y por qué no retransmito la Eucaristía vía on line para los feligreses de mi parroquia? Inmediatamente llamé a un técnico, le comenté la idea y me orientó en el modo de hacerlo. Desde un primer momento tuve claro que la finalidad de esta iniciativa era llevar el consuelo de la Palabra de Dios y de la Presencia de Jesús en la Eucaristía al corazón de los hogares que se conectan. Ante una situación excepcional hemos recurrido a dar una respuesta excepcional.

¿Qué eco está teniendo esta iniciativa? En cuanto a número de seguidores cada día, ha sido un éxito…

La gente está muy agradecida por esto que hago cada mañana. Las palabras que más se repiten son consuelo, cercanía, alegría de escuchar la Palabra de Dios, orar juntos en familia... Los frutos espirituales de esta forma de acompañamiento espiritual me han permitido constatar que es una forma de acompañamiento espiritual “on line” verdaderamente importante y necesario en este momento. Nos hace experimentar el dolor de la separación, pero por otra, nos permite sentirnos consolados con la presencia de Jesús que nos habla con su palabra y nos visita con su presencia real a través de la celebración de la Misa, viviendo una experiencia de comunión espiritual real. Juntos oramos como pueblo sacerdotal por todos los fallecidos a causa del coronavirus. Todos los días me llaman de diferentes partes de la geografía española para pedir oraciones por sus difuntos.

¿Esta pandemia va a hacer despertar a la sociedad tan falta de valores? 

Estoy convencido de que esto ha tocado los resortes de nuestro modo de vida de una forma provocadora, nada volverá a ser como antes. Todos tendremos que hacer una reflexión profunda de lo que ha significado a nivel personal, familiar, laboral y social esta pandemia. Habrá que hacer una reflexión ética, política y social de lo que ha supuesto, supone y va suponer. Los cristianos estamos también urgidos a hacer una lectura creyente de la realidad y preguntarnos qué nos ha querido decir Dios con este magno y dramático acontecimiento.

¿El papel de la Iglesia es más necesario que nunca?

Sin duda. Antes de esta pandemia, en alguna autonomía se estaba planteando la posibilidad de suprimir las capellanías de los hospitales. Pues bien, si algo ha puesto de manifiesto esta crisis es la misión samaritana que la Iglesia ejerce estando a lado de los más vulnerables, los enfermos aportándoles cercanía humana, el consuelo de los sacramentos y el acompañamiento espiritual en este momento tan doloroso. No solo a los enfermos y pacientes sino también a todo el personal sanitario.

Por otra parte, la institución eclesial de Cáritas ha estado en primera línea de atención a los descartados del sistema de los que nadie se ocupa. Gracias a su diligencia y buen hacer tantas familias han podido pagar los recibos de la luz, el alquiler del piso o hacer la compra de la semana. Además, por otro lado, desde el comienzo del confinamiento doméstico, la preocupación de los agentes de pastoral social de nuestras parroquias ha sido ver el modo de estar cercanos a los más vulnerables de nuestra comunidades: los mayores que viven solos  o están en las residencias, los ancianos, los enfermos, los inmigrantes que se han quedado sin trabajo, las familias que han vivido el zarpado de la pérdida de alguno de sus miembros, el dolor inmenso por no poderlos despedir como ellos hubieran querido, etc.

Por otra parte, desde las Cáritas parroquiales, con la ayuda de las coordinadoras de Cáritas Diocesana, hemos activado a través de los voluntarios un servicio de atención personalizado a las personas mayores que viven solas. Cada voluntario se ha encargado de llamar por teléfono a dos o tres ancianas y hacerles el seguimiento y dar respuesta a sus eventuales necesidades. También, desde los Equipos de Visitadoras de Residencias, como es nuestro caso, hemos procedido del mismo modo, cada visitadora se ha encargado de llamar cada dos días a los 20 feligreses que están viviendo en 18 de las Residencias de la ciudad y de los pueblos para interesarse por su salud y dialogar con ellos. Son muchas las iniciativas que se han puesto en marcha y que se han venido desarrollando, siempre de forma silenciosa y sin hacer ruido.