Humanización de la sociedad

Hoy comenzamos a recuperar la vida social, tan brutalmente golpeada por la pandemia. Pero al retomar parte de nuestras actividades, no sabemos qué camino seguir, pues todos albergan elementos que distorsionan la realidad, al menos como la conocíamos antes de la pandemia.  

Acompañados por el miedo, escrutaremos el entorno mientras ampliamos las distancias, incluso de aquellos que hace poco tiempo estrechábamos en nuestros brazos. No trato de sembrar pesimismo en corazones afligidos, ni restar esperanza en los que, amparados por un pragmatismo exagerado, esperan de la ciencia una solución rápida del problema. Lo cierto es que, la situación es compleja; tan compleja, que tendremos que cambiar las costumbres; incluso la forma de manifestar los afectos, tan descuidados en los últimos tiempos. 

Quizá esta contingencia nos obligue a mirar hacia adentro para comprender lo desatendido que tenemos nuestro espacio interior. Pues lo hemos convertido en un vertedero donde almacenamos cachivaches, y un sin fin de ideas clonadas que no nos pertenecen. Son las que nos llevan y nos traen por caminos de confusión. 

Ha llegado la hora de hacer limpieza en ese recinto invisible para buscar la mente maravillosa que nos pertenece. La encontraremos sin manual de instrucciones, pero el sentido común nos llevará a la reflexión, y esta, nos abrirá las puertas del conocimiento. De esta forma, descubriremos los engaños que esconden las palabras cuando no se corresponden con los hechos. 

Quizá se hayan olvidado, quienes dirigen la vida social, que las personas no se deben conducir como a rebaños. Pues, aunque somos gregarios, estamos asistidos por una inteligencia que trasciende nuestra realidad. Fácilmente descubrimos los titubeos de quienes marcan caminos sin saber hacia dónde conducen. 

En pocas semanas nuestro estado de bienestar ha saltado por los aires, y aquellos que se creían a salvo, han descubierto su enorme dependencia de un sistema social que no ofrece garantías a nadie. Hoy somos débiles criaturas que escapan de la muerte sin saber dónde se oculta. Lo cierto es que, dependemos excesivamente del medio donde vivimos, no podría ser de otra forma. Por eso tenemos que protegerlo, pues si lo dañamos, seremos excluidos por la misma Naturaleza que admiramos. Son múltiples sus recursos para recuperar los equilibrios que se alteran. 

Nada se puede prevenir cuando todo es posible. Por eso es importante humanizar la vida. Debemos solidarizarnos con quienes caminan a nuestro lado, aunque no sepamos su nombre. Es fraternidad lo que el mundo necesita. Con tantos juguetes a nuestra disposición, hemos descuidado los afectos, y esa Naturaleza, tan pendiente de lo que se tuerce, hoy nos niegue el calor de los abrazos y la ternura de los besos.

La brevedad de la vida tendría que obligarnos a entender lo equivocados que estamos en nuestra forma de vivir: la riqueza no está justificada mientras haya personas que pasan hambre; el amor carece de autenticidad si no es demostrado con hechos; el gobierno de los pueblos será deficiente si no se antepone el bien de los ciudadanos a los intereses de quienes gobiernan.