Voluntarios y voluntad ...

En el siglo XIX se acuñó la teoría de que el mejor soldado era el que se enganchaba voluntario, obedeciendo a su propio criterio. La voluntad es más útil que muchas fórmulas o teorías. La voluntad hace héroes y lo forzoso víctimas.

Nicolás Estévanez señalaba en su Diccionario Militar publicado en París en 1897 que el mejor soldado era el voluntario por su vocación y elección. Aun alistándose por necesidad tiene el consuelo de que no se le ha obligado, de que ha obedecido a su propio criterio y si la necesidad es angustiosa y se satisface ingresando en el Ejército, se encariña con éste, se apega al uniforme y es un buen soldado.

Entre los hebreos todo hombre era soldado desde los veinte años, pero no se exigía forzosamente el servicio militar mientras hubiera voluntarios que lo cubriesen. Las mismas reglas se siguieron en tiempos de Moisés, cuando su suegro Jethró compuso las tribus de mil hombres, subdivididas en compañías de cien y escuadras de diez. David y Salomón intentaron igualmente causar el menor perjuicio con la contribución de sangre, que todos los pueblos han conceptuado como la más costosa. Los egipcios tenían distinta organización militar pero asimismo preferían a los reclutas voluntarios que tenían asegurado su manutención y la de su familia además de tierras y exención de impuestos. Por estas medidas llegaron a poseer un gran ejército. Los griegos también intentaron no exigir grandes sacrificios a los ciudadanos.

En todas las naciones a finales del XVIII se reconocía la poca popularidad de las quintas, pero con la revolución francesa los voluntarios adquirieron su parcela de popularidad en la historia. En la guerra de la independencia los voluntarios formaron los ejércitos y contribuyeron a las victorias de Bailen, Zaragoza, Gerona, Arapiles, Tarragona y Vitoria combatiendo a las órdenes de Palafox, Alvarez de Castro, Castaños, Senén de Contreras y Girón.

En las Reales Ordenanzas de 1770 se admitía el voluntariado exigiéndose una edad de diecisiete años cumplidos hasta treinta y seis. En la Ordenanza de 1800 el Rey previno que continuasen con actividad como hasta ese momento las reclutas voluntarias para facilitar el reemplazo de las tropas procurando que sean gentes honradas, no criminosas y que participen con honor con lo cual habrá menos reemplazos que pedir y no padecerá el mérito y concepto que debe tener el servicio militar. Por la Ley de 17 de febrero de 1873 se dispuso que el ejército se compusiera de soldados voluntarios españoles. Con la Ley de 5 de junio de 1912 se adoptó el voluntariado como forma preferente de nutrir los cuerpos y guarniciones de África, cuyas plantillas se completaban con reclutamiento forzoso.

La voluntad o la voluntariedad es la fuerza más grande que está al alcance del hombre. Es obvio pero hay que repetirlo, no es suficiente pensar, hablar de las cosas o escribirlas o discutirlas. Es preciso hacerlas y eso se consigue con voluntad. Para llevar a cabo algo concreto se necesita la voluntad. No hay ningún hombre que se haya elevado siquiera dos dedos sobre sus semejantes que no lo haya logrado por la fuerza de la voluntad. Sin la persistencia de esa fuerza, la labor del hombre es efímera, podrá ser brillante, mas durará poco. Santo Tomás afirmaba que todo hombre dotado de entendimiento tiene voluntad.

Rommel en sus memorias señalaba que “la energía y la decisión de un jefe, a veces, es de mucho más valor que sus cualidades intelectuales” y continuaba “el mérito y valor del soldado se medirán por sus condiciones físicas, su inteligencia, dinamismo, nervio, obstinación, atrevimiento y estoicismo... el jefe requiere de cualidades todavía en mayor medida y al propio tiempo ser excepcional en dureza, muy devoto de sus hombres, hábil conocedor del terreno y del enemigo y muy veloz en sus reacciones”. Sin duda Rommel las poseía en grado sumo y estás cualidades se pueden resumir en una palabra voluntad. El estudio y desarrollo de la voluntad en los individuos es más útil que muchas teorías que tan sólo dan un baño de falsa ciencia o seguridad. La voluntad es la medida de un líder pues nos señala la capacidad de poder conseguir los objetivos.