Miércoles, 3 de junio de 2020

¿Por qué me acosa una paloma?

   Viene una vez, viene otra vez. Se pone en el alféizar de mi ventana mientras escribo y acerca su cabeza a la mía. Se acerca de manera tan hiperrealista que me da miedo, creo que quiere clavarme su cuello verde en los ojos. Me mira con sus ojos fijos, levanta su cabeza con arrogancia, la mueve de derecha a izquierda. Me siento asustado pero también un poco ofendido.

    Parece que la paloma me dice: los humanos sois unos gilipollas, tratáis el planeta como si fuera un basurero, es vuestra casa pero lo retorcéis de mil maneras, lo apretáis, lo despellejáis con furia, queréis sacarle provecho de las maneras más zafias. Estáis borrachos de provecho y de máquinas, cuando podríais emborracharos con vino de Ponferrada o de Hungría. Lo llenáis todo de máquinas y lo complicáis todo, y las cosas más sencillas tenéis que hacerlas de la manera más complicada. Os entregáis esclavos a la enésima ola tecnológica y no os dais cuenta  de con qué encanto cae una hoja de un árbol.

     Y yo le contesto: pero coño, a mí qué me dices, yo estoy de acuerdo contigo, yo sí que aprecio como cae una hoja, y como caen las gotas de vino en el vino, y como mueve las caderas una anciana recordando cuando era niña. Y aprecio las magdalenas de Proust y el viento en los rizos en los columpios. Pero por qué coño me sueltas esto a mí, como si yo tuviera algo de influencia en el mundo. Yo lo único que tengo es una columna los jueves en “Salamanca al día” que no lee nadie y poco más. Me vas a echar la culpa de la tecnología que aplasta todo como los terroristas me echan la culpa de lo que hizo Napoleón hace dos siglos.

      La paloma es arrogante, no me gusta como me mira, me echa los ojos de medio lado, sin ni siquiera enfocarme. Pero, joder, la comprendo.

ANTONIO COSTA GÓMEZ, ESCRITOR     Bernard Buffet: Paloma