Sábado, 28 de noviembre de 2020

Cuando pase todo esto

Cuanto esto acabe, cuando todo esto termine, cuando pase todo esto; son las frases que más leemos, escribimos y escuchamos estos días. En ellas siempre aparece “esto” pero… ¿qué queremos decir con “esto”? ¿qué es “esto”?

¿“Esto” significa cuándo logremos un tratamiento o una vacuna para ese puñetero virus que recorre el mundo entero o cuando podamos salir a la calle aunque sea manteniendo una recomendable “distanciamiento social”? Como si antes no estuviéramos ya bastante distanciados. Tal vez “esto” signifique cuándo recupere mi empleo o mi empresa, cuando pueda ir un cine o a un concierto, cuando pueda tomar un café, una cerveza o comer con los amigos en un bar o un restaurante. Quizás significa cuando nos podamos dar un beso, un abrazo o un apretón de manos sin mascarilla ni guantes, cuando los niños y adolescentes se puedan reunir con sus amigos y amigas, cuando las parejas vuelva a hacer manitas en los parques o cuando podamos viajar en coche, en autobús, en tren y en avión libremente y salir a pasear sin necesidad de llevar el perro o el carro de la compra. Puede que signifique cuándo podamos despedirnos de nuestros muertos y estar cerca de aquellos seres queridos que enferman, cuando podamos ir a la peluquería, al dentista, al podólogo o a comprar un libro personalmente. Yo creo que significa todo lo anterior y lo resumimos en un “esto”    

Y mientras “esto” llega a su fin, hacemos buenos propósitos, como para el nuevo año: saldré más con los amigos y les abrazaré, visitaré mucho a mis padres y les diré a menudo que les quiero, pasaré más tiempo con mis hijos y mi pareja y les daré más besos, saludaré amablemente a mis vecinos, hablaré menos por el móvil y levantaré más la cabeza para ver el mundo real, mandaré menos wasap para felicitar los cumpleaños y compartiré más cosas con mis amigos y familiares, seré más agradable con las cajeras y con los médicos y con las enfermeras, con todo el mundo, etc.

Puede que cuando pase todo esto cumplamos algunas de estas buenas intenciones porque hayamos caído en la cuenta de que no somos nada sin los demás, de que dependemos de ellos tanto como ellos dependen de nosotros, y no sólo para vencer al virus. Tal vez lleguemos a comprender que el Mundo, no sólo ha seguido existiendo, sino que además ha vivido mejor mientras nosotros estábamos encerrados en casa y entonces aceptemos que la mayoría de las cosas que echamos tanto de menos son gratis, que está íntimamente relacionado con los demás y con el Mundo real. Porque son los demás y el Mundo los que nos hacen ser lo que somos y cómo somos. Reconozcamos que no somos tan poderoso, invencibles e invulnerables como creíamos, porquer un pequeño virus nos ha puesto en nuestro sitio, nos ha sacado los colores, nos ha gritado con fuerza y a la cara: ¡Sois débiles y vulnerables! O en palabras de Stephen William Hawking: Solo somos una raza de monos avanzados en un planeta más pequeño que una estrella promedio. Pero podemos entender el universo. Eso nos hace muy especiales.

Y es que no tenemos afiladas garras, ni una increíble fuerza bruta, ni un tamaño descomunal, ni una durísima piel, no tenemos alas para volar, ni un fuerte pico, ni una velocidad impresionante, no podemos respirar bajo el agua, saltar entre las copas de los árboles y nuestro organismo es débil frente a muchas enfermedades. En cualquiera de estas cosas algún ser vivo nos gana, pero podemos entender y eso es lo que nos hace muy especiales, podemos entender lo que nos sucede, lo que sucede a nuestro alrededor, y haciéndolo, tenemos capacidad para aprender. Por tanto, seamos especiales y aprendamos.

Cuando todo esto pase llegarán tiempos muy duros, quizás más dificiles, de rehabilitación personal y social, tiempos diferentes a los que vivíamos antes y no tendremos más remedio que adaptarnos. No permitamos que de nuevo la indiferencia, el individualismo, el abuso de la tecnología, las prisas, las faltas de educación y muestras de cariño, el vértigo del día a día, se apodere de todos y de todo, porque si eso sucede habremos fracasado en nuestro buenos propósitos. Demostremos a Nietzsche que estaba equivocado cuando escribió: Los monos son demasiado buenos para que el hombre pueda descender de ellos.