Jueves, 13 de agosto de 2020

Ya no es ayer...

Todo sucede; ocurre lo impensable... Los ojos van desde la tarde al alba sin distinción ni fe, sin esperanza… Ya no es ayer y, sin embargo, amanece este abril y en ese libro deshojado y amigo surge el grito, se desliza cual serpiente la imagen de lo cotidiano, acude al pensamiento lo que nunca es distinto, y uno sabe que en algún lugar todo ha sido ya escrito; que en un soneto de Quevedo estaba ya el dibujo de nosotros y la historia veraz que escribió este presente hace cuatrocientos años: estaba el héroe y su vestido verde, la máscara que oculta la boca de los besos y el miedo que licúa el deseo irrealizable... Estaba escrito el tiempo… Ya no es ayer…, estaba escrito:

SIGNIFÍCASE LA PROPIA BREVEDAD DE LA VIDA, SIN PENSAR, Y CON PADECER, SALTEADA DE LA MUERTE

 

¡Fue sueño ayer; mañana será tierra!

¡Poco antes, nada; y poco después, humo!

¡Y destino ambiciones, y presumo

apenas punto al cerco que me cierra!

 

Breve combate de importuna guerra,

en mi defensa, soy peligro sumo;

y mientras con mis armas me consumo,

menos me hospeda el cuerpo, que me entierra.

 

Ya no es ayer; mañana no ha llegado;

hoy pasa, y es, y fue, con movimiento

que a la muerte me lleva despeñado.

 

Azadas son la hora y el momento

que, a jornal de mi pena y mi cuidado,

cavan en mi vivir mi monumento.

FRANCISCO DE QUEVEDO (1640)