Palos de ciego

Estos días, cuando la crisis económica empieza a mostrar los bigotes, ensombreciendo a la sanitaria, los políticos se deshacen en tender manos, y en pedir colaboración a otros partidos, llamadas a la unión, a la coherencia, a la solidaridad… pero a poco que rasquemos comprobamos que la capa de generosidad y sinceridad es muy fina, tanto que basta con que le pasemos una vez el paño de la sensatez para que desparezca, mostrando la verdadera intención de todos y cada uno, que no es más que sacar la mayor tajada posible de los sufrimientos de los pobres ciudadanos de a pie que estamos padeciendo esta pandemia a la que se le suma, cada vez con más fuerza, la económica, la social, la laboral…, y tantas otras que se nos van amontonando sin que veamos luz alguna en este oscuro y largo túnel.

Oscuridad sólo comparable a la que tienen nuestros ciegos políticos, que sólo ven aquello que quieren ver. Tan ciegos están que cuando tienden esa mano no saben hacia donde la tienden, con lo que todos andan como pollos sin cabeza tendiendo manos a diestro y siniestro como una cosa tonta, sin saber dónde está aquel al que se supone le están tendiendo la mano, por lo que dan bandazos de un lado a otro sin que el encuentro se produzca. Eso sí, todos van gritando; tengo mi mano tendida, tengo mi mano tendida…, el eco repite una y otra vez; tengo mi mano tendida, pero nadie oye la voz del otro, sólo la propia. Vagan como zombis por el asolado paisaje de nuestra sociedad, sin que se produzca encuentro alguno, pues cada uno va buscando que sea el otro quien se acerque, que sea el otro quien venga a coger su mano. Si no la acepta, el culpable es el otro por no aceptarla, la buena intención, mi gesto de solidaridad ha quedado demostrada, tú eres el culpable. Tú, quien no acepta esa mano tendida, serás quien tengas que rendir cuentas a los ciudadanos. Esas manos tendidas son trampas, en las si el otro la toma, quedará atrapado en sus garras y se verá obligado a cumplir sus deseos.

Lo peor de la ceguera en la que están sumidos nuestros políticos no es la de no ver, sino la de no querer ver. Han perdido la vista sin ganar otras cualidades o sentidos, de los que naturaleza tiene a bien dotar a aquellos que pierden la vista.

Una de las muchas muestras de ceguera podemos contemplarla cuando escuchamos a los diferentes representantes para dar a conocer la evolución de la pandemia. Se les pregunta, lo que sea, que lo mismo da, toma la palabra el ministro de turno, habla y habla, repite una y otra vez el discurso aprendido que sirve para cualquier tipo de pregunta, un discurso manido, aburrido, en el que dicen cosa obvias con las que todos estamos de acuerdo, pero que a fuerza de repetirse va perdiendo interés, el ciudadano tiene la sensación de que lo que dice hoy es prácticamente lo mismo que dijeron ayer, y hace quince días y mucho me temo que será lo mismo que digan dentro de un mes, es como un canto de sirena que atrapa a los desprotegidos y que cada sirena lleva a los suyos a su abismo, algunos se han tapado los oídos por no dejarse arrastra, otros, los más intrépidos, ha decidido amarrarse al mástil de la nave de la sensatez para escucharlas sin ser arrastrados. Estos, gritan a los que caminan como autómatas hacia el abismo del fanatismo, para que lo abandonen, que paren y mediten, todo es inútil, la masa avanza con paso firme, sin dudar, sin detenerse, sin mirar atrás, la mirada fija en el falso horizonte, nada ni nadie puede hacer que cambien su lento pero impasible caminar, el canto es tan dulce que les embelesa, les emboba de tal manera que no pueden ni quieren dejar de oírlo.

Todo cuanto dicen sus líderes está lleno de verdad y coherencia, nada es más lógico que decir que para tomar una decisión, antes hay que consultar la opinión de los técnicos sanitarios, y actuar en función de esa opinión. Lo curioso del caso es que cuando se entrevista a muchos de esos técnicos, investigadores, médicos, enfermeras… resulta que lo que dicen no casa con lo que ha dicho el ministro de turno (o ministra, que esto queda muy bien). Por lo que al ciudadano que está en su casa frente a la pantalla del televisor, porque no le queda otra, le asaltan dudas y de inmediato surge la pregunta; ¿pero qué clase de científicos asesoran a nuestros políticos? Una de dos; o son del mismo “escalafón”  del que han salido los políticos, o los políticos no se enteran ni saben traducir lo que los científicos les dicen, o lo que sería peor; manipulan la información para hacer llegar al ciudadano lo que a ellos les interesa.

 A pesar de todo ¡mucho ánimo para todos!, que de esta saldremos, a pesar de nuestro políticos, el pueblo siempre ha estado por encima de ellos. ¡Menos mal!