Lunes, 28 de septiembre de 2020

Payeses de remensa. Una revuelta antiseñorial campesina (II)

La bonanza económica de los siglos XII y XIII permitió en el campo catalán iniciar una tímida liberalización de los siervos, suprimiendo algunas de las vinculaciones y malos usos de los payeses. El proceso se detuvo con la recesión económica del siglo XIV y retrocedió con la caída demográfica provocada por la peste negra de 1348. La pérdida del poder adquisitivo de la moneda y la disminución de la mano de obra empobrecieron a los señores que trataron de compensar este desplome de sus rentas reimplantando los malos usos que habían sido derogados. El primero de ellos fue la remença o pago que tenía que hacer el payés al señor para permitirle abandonar la tierra. Las protestas de los remensas no se hicieron esperar “el temps de la servitut ja ha pasta”, gritaron. Los remensas no estaban dispuestos a llegar a ningún arreglo que no contemplase la supresión de los malos usos y el derecho al dominio útil de la tierra para él y sus herederos.

El enfrentamiento entre payeses y señores se trasladó en el siglo XIV al terreno político. Pedro IV el Ceremonioso apoyó a los propietarios, mientras que sus hijos Juan I el Cazador y Martín I el Humano apoyaron a los remensas con el propósito de debilitar a la nobleza. La llegada de los Trastámara castellanos al trono aragonés alteró el frágil equilibrio del campo catalán. Fernando I de Trastámara confirmó los ancestrales derechos de los propietarios, pero no se opuso a que los remensas se reuniesen en sindicatos, asambleas o asociaciones para que acordasen sus peticiones. La consecuencia inmediata fue la organización de los payeses que se tradujo en un aumento de la presión a la hora de plantear sus reivindicaciones. Su sucesor, Alfonso V el Magnánimo, y sus continuas y exigentes demandas de dinero para las campañas italianas hicieron que confirmase los derechos de los señores de la tierra sobre los payeses de remensa. Sin embargo agotadas las vías de financiación señoriales y manteniéndose las demandas de oro, la reina María, regente en ausencia de su marido, se vio obligada a volver los ojos hacia los payeses para conseguirlo, con lo que el rey autorizó la creación del Gran Sindicato Remensa a cambio de grandes sumas de dinero.