Sábado, 6 de junio de 2020
Ciudad Rodrigo al día

Nos dejó Enrique Múgica, un gran Humanista

El exalcalde de Ciudad Rodrigo Miguel Cid Cebrián le dedica un artículo al recientemente fallecido Enrique Múgica

Enrique Múgica en el despacho de la Alcaldía cuando Miguel Cid era alcalde

Mark Twain dijo: “llevo millones de años muerto y no me ha pasado nada”, y así montones de reflexiones sobre algo como la muerte que la tenemos ahora tan próxima. Sin embargo, cuando nos toca de cerca nos sobrecoge e impresiona y tratándose de un viejo amigo como Enrique Múgica, nos entristece profundamente.

Conocí a Múgica por razones políticas y profesionales a comienzos de los setenta y siempre mantuve con él cordiales y afectuosas relaciones. Recuerdo un Congreso de UGT, en el exilio de Toulouse, donde nos recibía a los jóvenes con su habitual socarronería de principiantes. Al igual que en el Congreso de Suresnes en París, en diciembre de 1974, donde su intervención en el famoso “Pacto del Betis” fue decisiva, como también en el histórico mitin del frontón Astelena de Éibar, donde se dio el primero en el interior.

Fueron momentos inolvidables que nos marcaron a todos y donde su esfuerzo y talante lleno de sensatez y realismo marcaron la senda de la recuperación democrática de nuestro país. Todos fuimos testigos de su espíritu lleno de realismo y posibilísimo único viable, como con el tiempo quedó acreditado. Enrique, fue un auténtico guía y referente como histórico dirigente socialista y como español y que por su origen vasco, tanto contribuyó a la paz y la unidad de España.

Todo ello, lo demostró tanto como diputado por Guipúzcoa y posteriormente como ministro de Justicia y Defensor del Pueblo, nombrado con el consenso del PSOE y del PP. Uno, que trabajó en su Gabinete, pudo comprobar su capacidad de trabajo en años difíciles, como su honestidad ejemplar. Entre sus realizaciones como ministro de Justicia destaca la reforma de la planta y demarcación judicial, siendo considerado un gran ministro, sino el mejor, de su departamento en la democracia. Su humanismo y sensibilidad quedó plasmado en sus intervenciones parlamentarias, como aquella en la que recordando sus años de cárcel en el penal de Burgos y emulando al nicaragüense Tomas Borge, dijo, “yo que he sido preso no puedo ser carcelero, yo que he sido víctima no puedo ser verdugo”.

Queda, por último, mencionar su pasión por la tauromaquia y su defensa de la fiesta de los toros. Precisamente, mi último saludo con él fue en la plaza de Las Ventas, a la que acudía con gran asiduidad. En esta faceta defendió siempre la pureza e integridad del toro, así como la variedad de encastes como una riqueza de diversidad frente al mono encaste imperante, demostrando que era un gran aficionado. Como también lo era de la buena mesa y de las amenas tertulias, en las que sentaba cátedra con su amplia cultura y aquilatada experiencia. También quiso conocer nuestra Ciudad Rodrigo, aceptando mi invitación como alcalde y quedando gratamente impresionado por su belleza y la calidad de su gente.

Solo me resta decir que se ha ido una gran persona, un ejemplar demócrata y un gran español. Con mi condolencia a su familia, mi deseo es que descanse en paz.