Por qué los libros, por qué la hierba

POR QUÉ LOS LIBROS, POR QUÉ LA HIERBA

   Hablo de los libros literarios, de la literatura. No hablo de best sellers, no hablo de libros de consumo, no hablo de trivialidades. Hablo de cuando las palabras se vuelven intensas y se cargan de vida, de cuando nos reflejan a nosotros mismos en nuestro latido, de cuando laten por nosotros. De cuando nos revelan y nos rescatan de tanta superficialidad y cuadrícula. Hablo de los libros que tienen todas nuestras inquietudes, nuestros sueños, nuestros secretos, nuestras contradicciones. De los libros que como un espejo mágico nos hacen vernos expresivos o monstruosos, sorprendentes o imperceptibles.  Hablo de los libros literarios porque tienen nuestro rostro arañado, porque tienen nuestro tiempo con sangre, porque nos tienen a nosotros.

     Hablo de la hierba porque sigue siendo la vida, el empuje, la creatividad. Aquello que surge a pesar de todo y suelta su olor intenso y profundo a pesar de todo. Como aquella hierba que me asustó de niño y me descubrió lo más profundo de mí mismo cuando yo iba encima de un carro en una aldea de Galicia. Como esas hojas de hierba imparables y salvajes que surgen sagradas en el corazón de las ciudades, en el sexo de sus habitantes, en sus miradas siempre nuevas.

    Hablo de la vida porque al arrinconarnos nos han hecho verla. Nos han hecho ver de verdad lo que es la vida, lo que es latir, lo que es respirar y estar vivo, lo que es llenar los ojos con lo más hondo, con los recuerdos más remotos, los deseos más resistentes. Hablo de la vida que está en nosotros, no está en las máquinas, no está en ordenadores, no está en algoritmos que nos abstraen y matan, no está en la productividad histérica y vulgar. Hablo de sentir que otro ser vive a nuestro lado. Y que tenemos la música, el recuerdo, las manos, la melancolía, los entusiasmos secretos, la inspiración.

ANTONIO COSTA GÓMEZ, ESCRITOR       FOTO: CONSUELO DE ARCO