Miércoles, 27 de mayo de 2020

Semana Santa sin Semana Santa

Que la crisis del coronavirus ha trastocado todo viso de normalidad en nuestra sociedad es un hecho más que irrefutable. La pandemia ha obligado a confinarse en casa a un tercio de la población mundial, ha cerrado todo establecimiento de ocio existente en nuestro país, y se ha llevado por delante miles de vidas humanas a lo largo y ancho del planeta, cebándose con la población más anciana.

Pero sin duda, una de las cosas que más nos llama la atención en estos días es la de vernos inmersos en una Semana Santa sin procesiones ni actos litúrgicos, sin que resuenen los tambores y cornetas por las calles a la par que desfilan por dichas rúas insignes obras de arte, que el resto del año se recogen y custodian en los templos de nuestras ciudades y pueblos.

Podríamos decir, por tanto, que es una Semana Santa sin Semana Santa, algo que muchos no habíamos vivido nunca, y apenas los más mayores de nuestros paisanos acertarán a recordar, pues las procesiones y actos de la semana de pasión no se cancelaban desde la Guerra Civil, hace más de ochenta años.

Sin embargo, las nuevas tecnologías han conseguido que pueda aún mantenerse abierta una ventana a los actos que tradicionalmente se celebraban cada año y, de esta manera, poder aliviar en cierta medida las ganas de ver procesionar a las imágenes que se resguardan bajo cubierto durante todo el año con la única excepción de estas fechas.

Así, tanto en televisiones como en medios digitales estos días podemos ver diversos desfiles procesionales de años precedentes, que pueden dotar de alguna dosis de normalidad a estas fechas, si es que es posible vislumbrar algún viso de cotidianeidad en estos tiempos que nos está tocando correr.

No obstante, ello no evita que el juramento del silencio del Martes Santo en Salamanca este año se haya quedado sin ser prometido en el Patio de Escuelas por la Hermandad Universitaria, ni que el Miserere latino que recibe y despide al Cristo Yacente en la plaza de Viriato en la madrugada zamorana del Jueves al Viernes Santo quedase en este 2020 sin ser escuchado por la altiva escultura del caudillo lusitano Viriato.

Tampoco se ha podido bailar el grupo escultórico del ‘cinco de copas’ en el interior de la iglesia zamorana de San Juan de Puerta Nueva, como tampoco se han podido escuchar los bellos cantos gregorianos al Cristo Yacente salmantino en su recorrido desde Fonseca por el casco antiguo de la vieja Salmántica.

Asimismo, en este extraña Semana Santa, las capas pardas se quedaron sin visitar la iglesia zamorana de San Claudio de Olivares, dejando sin entonar el Miserere alistano del Miércoles Santo, y el puente romano de Salamanca no pudo acoger en su calzada a la Virgen y a Cristo en el Jueves Santo desde la iglesia del Arrabal.

Y es que, este año, las procesiones están siendo bien distintas, teniendo todas inicio a las ocho de la tarde en los balcones, para aplaudir a quienes cuidan de todos nosotros, con el único ánimo de vencer una pandemia que amenaza a nuestra sociedad y a nuestra gente, y a los que nunca se podrá agradecer suficientemente el titánico esfuerzo que están haciendo para que, en los próximos años, podamos celebrar todo con normalidad, pudiendo haber sobrevivido la gran mayoría de nuestro paisanaje a la catástrofe humana que ha generado el Covid-19.