Lunes, 28 de septiembre de 2020

El siglo maldito (I)

El siglo XIV comenzó con un desfile de cometas con rabo y nubes de mariposas negras, precursoras de la carretada de desgracias que se agolparon en estos cien años. Sequías, plagas de langosta, inundaciones, desiertos, hambrunas y guerras que sirvieron para agostar los cielos y mullir la tierra de los cementerios que aguardaban a la muerte negra[1], la pestilencia embozada, enfermedad socializadora que afectó por igual a todos.

  Años donde las aristas de la justicia se desdibujaron, el caos se adueñó de Europa y la nobleza y el clero peninsulares mutaron a simples depredadores. Al terminarse la tierra prometida con las conquistas de Jaime I de Aragón, de Fernando III de Castilla y de su hijo Alfonso X, se consolidó el reino musulmán de Granada con los nazaríes -vasallos y deudores del rey de Castilla-, a los nobles y eclesiásticos del Quinto Reino de Dios[2] se les terminó su principal fuente de ingresos.

  Había sido hermoso verlos avanzar en territorio infiel llevando la palabra de Dios en el filo de sus espadas y desalojar a mandobles a los musulmanes de las tierras cristianas que un día usurparon a sus legítimos propietarios. Por eso era de justicia y razón que al derrotar a los musulmanes de un reino taifa, se apoderasen de sus ciudades y alfoces en nombre del derecho de conquista, o del de Reconquista, y se los repartiesen como pan bendito entre los reconquistadores. ¿Acaso en la memoria todo aquello no era suyo?

    Tras los fastos de la victoria los hombres del rey hacían grandes lotes para los nobles y los altos eclesiásticos que habían participado en la campaña. Partes más pequeñas para los caballeros y religiosos de segunda fila y por último a los menestrales de las milicias concejiles, que hubieran tomado parte en el trance de armas, les daban tierras para que las cultivasen y trabajasen. Un alabar al Señor.

 

[1] La Peste Negra. Enfermedad infectocontagiosa transmitida por las pulgas de las ratas que se extendió por Europa a mediados del siglo XIV. Podía ser pulmonar, bubónica o septicémica. Originaria del lago Issyl Kul, mongoles contaminados la llevaron a Caffa –Crimea- y de allí a los puertos del Mediterráneo. 

[2] Nombre con el que el Papado designaba en la Edad Media al conjunto de reinos cristianos de la Península Ibérica.