Aprendamos la lección

Se dice, todos lo hemos dicho infinidad de veces, que no hay mal que por bien no venga, pero en este caso, el mal es tan grande que no creo que haya bien alguno que lo compense.

Ahora bien, una vez que lo tenemos encima, y que no hay más remedio que apechugar con él, hagamos votos para que algo bueno nos triga, más bien que nosotros podamos traer. Ya que lo estamos pasando tan mal, al menos que aprendamos algo y que lo aprendido lo pongamos en práctica.

Espero que cuando los ánimos estén calmados, cuando la normalidad vuelva a la normalidad, reflexionemos, tomemos nota y actuemos. A ver si al menos, esta triste cuarentena, o lo que sea que dure esta situación, nos sirva para abrir los ojos a la realidad y darnos cuenta de la cantidad de basura que hay en nuestra sociedad y que a la hora de la verdad no sirve para nada, sólo para emponzoñar y confundir nuestros sentimientos, para trastocar la jerarquía de valores, poniendo a la cabeza de todos ellos el dinero, el poder, la fama (aunque sea ganada haciendo gala de mala fama). De entre la mucha basura de la que podemos, y creo que debemos prescindir, están ciertos programas de televisión, que a pesar del virus y de los estragos que está ocasionando, aún siguen baboseando en las pantallas de nuestros televisores. Programas en los que se dan cita unos “famosetes” de laboratorio, que se han hecho famosos porque han conocido  a no sé quién o porque han estado con no sé cual o que cuentan intimidades pactadas de otros, cuestiones, todas ellas, que carecen de valor, social, humano y no digamos moral.

No alcanzo a entender cuál puede ser el interés en saber si fulanito se acuesta con la mujer de menganito, o si esta se ha cortado el pelo o se lo ha dejado largo, si el otro va a pasar las vacaciones con su tía la del pueblo o si se han encontrado en un restaurante y han cenado juntos. Además, lo debaten con un denuedo insólito, se insultan, se amenazan, se gritan, se sacan los trapos sucios de unos y de otras… en fin una verdadera vergüenza, que si bien es una vergüenza siempre y en cualquier circunstancia, en la actual es que no tiene perdón de dios.

Y no sólo eso, sino que esa pandilla de inmorales, porque hay que ser inmoral para ganarse la vida, y que vida, de esa manera, se atreven a opinar de todo, incluso de lo que está ocurriendo con esta dichosa pandemia. Para cubrirse de una fina capa de credibilidad llaman a algún médico o científico, que si lo que dice encaja con su línea de sensacionalismo le dan toda la cancha del mundo, pero si resulta que la persona a la que han llamado es una persona sensata, vamos lo que viene siendo una persona normal, le largan a la primera de cambio. Los normales no tienen cabida en esos programas.

Y digo yo, al igual que se han cerrado empresas, comercios y otras actividades por no ser estrictamente necesarias, ¿por qué no se cierra este tipo de programas, que además de no ser necesarios, perjudican la salud ética, moral e intelectual de todo el país?

No es que pretenda yo, ni mucho menos, eliminar los programas de ocio, los programas divertidos y dedicar toda la programación a hablar de las muertes, enfermedades, peligros, estadísticas,  carencia de material…. No, ni mucho menos, creo que debe haber programas entretenidos, y ahora más que nunca, pero sepamos diferenciar lo entretenido, que además puede ser interesante, de lo cutre.