Viernes, 14 de agosto de 2020

Te acompaño en el sentimiento

El tiempo acompaña, la presencia, no. Hay una ausencia densa e irreal en la despedida. Un vacío de flores que no están, de roces que no se dan, velatorio apagado, condolencia muda. El tiempo acompaña al encierro y al luto, es gris, es pesado, parece tan inamovible como esa losa que a todos nos cubrirá ahí donde no habita el olvido. Porque el olvido es tan tenaz como el gato que contempla, día tras día, el paso que no pasa, la presencia que no pesa, la sombra que no es cuerpo.

          Sombras somos estos días de seres que se apartan, bocas amordazadas y manos enguantadas. Sombras que pasan, números que se encarnan en aquellos que conocemos, que amamos, que amontonamos en la rápida sucesión de nuestras llamadas cotidianas… a todos nos roza, nos cerca, nos estrecha, nos ahoga, nos mata… y trazamos curvas, nos apartamos, nos miramos con recelo, apenas nos olfateamos. El tiempo acompaña y llueve mansamente sobre el miedo, el vacío, la ausencia, la herramienta abandonada a un lado… la pelota varada… la alambrada que nos separa.