Martes, 29 de septiembre de 2020

Volveremos a estar juntos

Siento que necesitamos un botón de reinicio que pulsar y que todo vuelva a estar como antes

Quién nos iba a decir a los españoles hace un mes que todos tendríamos una cita diaria para aplaudir a los nuestros. Son las ocho de la tarde y aquí, asomado a la ventana aplaudiendo emocionado y orgulloso al descubrir una vez más la gran solidaridad que en los peores momentos derrocha esta España querida.

Sabíamos por otras experiencias lo valioso que es el personal sanitario español, pero si quedaba alguna duda ahora ha quedado disipada. Es difícil contener las lágrimas imaginando lo que estos profesionales están viviendo atrincherándose para mantenernos vivos, dejando en un segundo plano sus propias necesidades. Nos toca corresponderles confiando más en ellos, siendo pacientes y siguiendo sus indicaciones.

Los españoles somos increíbles, ahora toca ayudarnos unos a otros, cada uno según sus posibilidades: haciendo la compra para el vecino o la madre, confeccionando mascarillas o pantallas, donando material o fabricándolo, apoyando a los trasportistas… Lo cierto es que según surgen las necesidades también lo hacen las soluciones, debemos estar orgullosos por ello.

Tampoco imaginábamos hace relativamente poco, aunque nos parezca ya lejano, descubrir a estas alturas dolores nuevos, nunca sospechamos que nuestros besos y abrazos podrían dañar, menos aún cuando más los necesitamos. Sentimos dolor solo con pensar que personas a las que queremos formen parte de las malditas cifras, y pensar que nuestro país puede liderar las peores estadísticas. A las empresas les duele tener que prescindir de sus trabajadores, a los que aprecia y valora, porque si nada funciona una empresa no se mantiene en pie.

Me duele el mensaje de una enfermera cuando cuenta cómo recibió a una pareja mayor en urgencias, agarrados de la mano, y las palabras del marido “cuídemela… es lo único que tengo”. Me duele la angustia de esta profesional en esos momentos, tragándose las lágrimas con el corazón encogido.

Me duele que los que pierden a sus seres queridos no puedan acompañarlos, ni despedirlos. Duelen todos los que mueren en soledad, sin la mano, las caricias, y palabras de los suyos. Hoy más que nunca me duele la soledad de los que quiero, a los que iría a abrazar y acompañar si no fuese porque me aterra correr el riesgo de poner en peligro sus vidas. Duele pensar que puedes perder lo más quieres en la vida, duele el miedo.

A veces siento que pierdo el pulso, otras me levanto ya cansado, hay días que el optimismo parece haberse ido. Siento que necesitamos un botón de reinicio que pulsar y que todo vuelva a estar como antes. Necesito centrarme en recuperar el ánimo, reducir la rabia y el dolor, asimilar que esto está ocurriendo y aparcar los mensajes de ira y tristeza.

Esta situación pasará, esperemos que los costes no sean insuperables, volveremos a estar juntos, y podremos hacer una gran fiesta y brindar por haber superado esta etapa gris. Me veo retomando la cita en el bar con los amigos, tomando nuestra cerveza 1906 bien fría. Imagino que rompemos esa distancia de metro entre nosotros, tiramos por fin las mascarillas y retiramos las pantallas que nos ha separado estos días. Sé que cuando todo pase nada volverá a ser igual, valoraremos más lo que tenemos y volveremos a perder el miedo, nuestros héroes habrán cambiado y tendremos que aprender estrategias para que esto no nos suceda de nuevo.

Hasta entonces yo seguiré con mi compromiso diario, asomándome al balcón para decir GRACIAS con mis aplausos a todas aquellas personas que lo están dando todo para cuidarnos, gracias de corazón.