Jueves, 13 de agosto de 2020

Yo le cojo la mano por ti

miles de familiares de pacientes con coronavirus se les atasca la voz, las lagrimas no salen y algo en el pecho oprime cuando piensan en sus padres, sus abuelos, sus hermanos, sus hijos, con quienes no van a  poder compartir los últimos momentos. Partirán  a la Duat  en un inesperado viaje sin el calor de los suyos.  Familias que no vuelven a ver a sus seres queridos porque, de repente -creen estar viendo una película de terror-  y no es así, viven en sus carnes la pesadilla, eso sí, anunciada, pero no interesaba al desgobierno sociacomunistabolibarianomarxista “se ocultó” bajo el nombre de gripe común, y… llegó la terrible pandemia del coronavirus. La zozobra llega  a tal extremo, alguien que hace 3 días estaba a tu lado, de pronto… ya no está, y no sabes a dónde le llevaron, que han hecho con él. No hay un adiós, las manos tiemblan porque Queronte llega, y no estás preparado. Ni un duelo, ni un sacerdote, ni un adiós, ni un te quiero, ni un te perdono, ni un… el  nada absoluto.  

El personal sanitario conoce ese dolor –cómo no conocerlo– y se ha volcado en transmitir que no habrá soledad en esa muerte. Que se ha ido, es cierto, pero con una voz que le hablaba y una mano que no le soltaba.

 Carmen García, enfermera del Hospital Universitario Fundación Alcorcón (Madrid), junto con todas sus compañeras, han impulsado la iniciativa #YoLeCojoLaMano. Por ti

 

 Espero que no caiga en el olvido esta masacre, cebándose con los sanitarios, trabajando en condiciones infrahumanas, es mandarlos al matadero, falta lo necesario para evitar contagios. Espero que la justica del pueblo, que siempre ha sido implacable -desde hace un tiempo está amorfinado, sedado, dormido- el peso de la Ley, caiga sobre el desgobierno de Sanchez e Iglesias. Un gobierno bolivariano, por si no llegaba el coronavirus, nos mete otro, cierre total de las empresas, lo que va suponer paro, paro y más paro. ¿Desean que la gente salga a la calle, asalten super, híper? los alimentos escasean, los niños, los padres, los abuelos comen. A los hijos y señores de Galapagar y monclovitas, nada les va faltar. Al pueblo puede que sí.  ¡¡¡¡No cierren las empresas!!!!! Protejan a sus trabajadores, o nos llevan al caos absoluto. Ustedes, comunistas del siglo XXI, han cogido a Sánchez “el pinocho”, el mandatario de “las trolas” por el sitio que más duele. Le iban a quitar el sueño, el dormir nos lo está quitando a los españoles, que ni con hipnóticos nos quedamos dormidos.  Les dieron 2 ministerios que nada valían, pronto supieron -la lección la traían aprendida de su amigo y financiador Maduro-  como eliminar la  nación.

No me gusta escribir cartas de despedida, todas son tristes y esto supera a la peor película de ciencia ficción.  Mi respeto para la mano anónima que hoy cogerá las suyas, para los creyentes, el Padre, tiene sus brazos abiertos, le espera y da luz en momentos duros e  inciertos.

A mi padre Enrique Díaz Valcárcel y a todos los que se fueron ayer, hoy y  se irán mañana.

¡Hola, papá! hace 17 años que te fuiste entre mis brazos. No olvido aquellos últimos minutos, siguen siendo mi consuelo, bálsamo para seguir viviendo: Esta no es una página más en mi diario, te escribo para que hagas lo que puedas desde el Más Allá  por esas personas que no han podido despedirse de los suyos, deudos  que nunca van hacer duelo, tan necesario para el que queda… Sí papá, un maldito virus, que le llaman rimbombantemente “Corona”, se está llevando miles de personas en España y en  todo el mundo, no existe clase social, ni poder económico… para él todos somos iguales.  Las parcas, las tres hermanas hilanderas, siguen hilando lana blanca, entremezclada con hilos de oro y negros -estos días abundantes- su labor, la colocan sobre un muro de bronce que nadie puede borrar ni alterar, allí queda escrito nuestro destino: nacimiento, vida y muerte. Nona, Décima y Morta, están super ocupadas, cortan hilos, largos, medianos y cortos a destajo. Los hilos de oro significan los momentos dichosos la lana negra, los periodos tristes. Desde que supe leer, te gustaba leyera mis cuentos, seguro que eres feliz recordando aquellas calurosas  siestas de verano. Yo lo soy, y mucho, creo que tengo seis años y desde mi cuarto sigo leyendo ¿lo recuerdas? Seguro que jamás lo vas olvidar.

En esta carta no te voy a decir cuánto te echo en falta o cuanto te amo, porque de sobra lo sabes. Tampoco pedirte que no me olvides, es para decirte que ruegues por los que  “el coronavirus” se está llevando de forma inesperada, por sus familias, que no tienen la suerte que yo he tenido. Pide  que cuando lleguen a tu destino, cuando ya estén ubicados, cuando el dolor haya desaparecido, cuando hayan alcanzado la paz, recen, por los que luchan para que sus pulmones puedan  respirar, porque salga la vacuna o… y sea erradicada la pandemia, la guerra vírica que nos tiene atemorizados.  

Sigues conmigo, papá, a pesar del sutil velo que nos separa Hoy ayuda a coger la barca a quienes tienen que partir,  Caronte, el barquero de Hades llega, consuélalos, dale  -junto a la enfermeras- tu mano, de eso sabes, lejanos quedan los tiempos en que fue  tu profesión.  La coyuntura, querido papá,  ahí, no tiene edad… llegaré  en el minuto, en la hora sin tiempo, cuando la lira deje la marca de los sonidos en el agua, y la ola  limpia y clara me lleve a donde siempre es primavera. Mientras  esperamos  que “la pandemia termine, para volver a reir, cantar y abrazarnos.  Gracias por todo papá,  y signe devorando noches, bebiendo las estrellas en un canto sin quejas de resplandor inerte...

Te quiero hoy, ayer y siempre.

Isaura