Diario de una pandemia (5)

 

MIÉRCOLES 25

Cuando despierto en el Centro de Salud, como esta mañana al terminar la guardia, tengo más sensación de normalidad que al hacerlo en casa, fuera de sitio y con hábitos ajenos a los que tenía hace unas semanas. Tomar precauciones se ha convertido en rutina, y lo peor es que lo prudente parece alargar estas cautelas domésticas, en consonancia con las que a todos nos benefician.  Despertar de la pesadilla sigue siendo una necesidad con la que la paciencia va enseñándonos a convivir, también a mí.

Dentro de la catarata de correos, protocolos y actualizaciones que nos llegan a diario, por fuentes oficiales o tangentes a lo oficial, lo último es la petición de voluntarios para un hospital de campaña en la Feria de Muestras de Valladolid. Luego he leído que en Salamanca se plantea un recurso parecido en Fonseca, o incluso en el nuevo hospital pendiente de inaugurar, y que en cada provincia se implantará según la situación. No sé si resulto de mayor utilidad en Aliste, en un centro de salud urbano donde da la impresión de que tienen las líneas más saturadas y una demanda de asistencia superior a su capacidad de respuesta, o en una explanada o residencia supervisando pacientes de “gravedad moderada” como ponía la carta de Sacyl, cincuenta por cada médico y veinticinco por cada enfermero y auxiliar de enfermería. En lugar de pedir voluntarios apostaría por que Sacyl nos organice como mejor convenga. Y yo, como muchos otros, a las órdenes. Siempre que se nos garantice la imprescindible autoprotección, por supuesto. Que para imputar los contagios de sanitarios a nuestras actividades extralaborales ya están los consejeros del ramo en Comunidad Valenciana o Extremadura, por poner algún ejemplo reciente.

Mejor escribiré algo positivo de Extremadura. Hoy, 25 de marzo, la Anunciación del Señor, un día en el que he sido obsequiado como sólo la Gracia puede hacerlo, por sorpresa y con desbordamiento, en Cabezuela del Valle habrían festejado como se merece a su Virgen de Peñas Albas. El verano de 2012, recién obtenida la especialidad en Medicina Familiar y Comunitaria, me llevó hasta el Valle. Y por allí, en la orilla del curso alto del Jerte, desde Tornavacas a Navaconcejo, transitaron buena parte de mis primeros dos años y medio de profesión. También Marchagaz y Palomero donde me estrené, mi primera guardia en Ahigal, Plasencia, Nuñomoral, Jaraíz de la Vera, Moraleja, Torrejoncillo, Hervás, Pinofranqueado… Han pasado ya más de cinco años desde mi última guardia en Cabezuela, pero cómo olvidar tantos aprendizajes, experiencias vitales y, sobre todo, buenos compañeros que luchan ahora contra este enemigo traicionero. Como lo hacía Isabel, la compañera que trabajaba en La Fuente de San Esteban y que ha sido la primera médica en ejercicio fallecida en España víctima de la epidemia. Después Manuel, médico de Córdoba. Ambos de Atención Primaria. Mi oración por ellos y mi homenaje.

 

JUEVES 26

Lo peor de esta crisis sanitaria y social, sin comparación, son las muertes que se han producido y se producirán. No obstante, pienso a menudo en el después, en todos esos pacientes con sus enfermedades crónicas a cuestas que, inevitablemente, durante semanas e incluso meses van a estar menos y peor seguidos. Humildes pacientes en toda la extensión de la palabra, como nuestro obispo, Don Carlos, convaleciente en el Hospital Universitario de Salamanca, por el que reza toda la comunidad diocesana.

Como cada jueves, hoy tendría que haber pasado consulta en Vivinera y Arcillera, dos de mis anejos junto a Matellanes, donde paso los martes. En Vivinera para llegar hasta el consultorio se cruza el pueblo entero, con su pavimento que evidencia la actividad ganadera de varios de sus vecinos. Arcillera, por su parte, puede presumir de un Tesoro… aunque se encuentre en el Museo Británico, para variar. Ganas tengo de regresar a esos sencillos consultorios, pues será signo de normalidad, como un brote de olivo en el pico de una paloma.

 

VIERNES 27

Más de cien consultas on line, después de que hoy me hayan entrado unas pocas que el primer día se quedaron sin entregar. Al menos he podido comprobar que fueron asuntos arreglados o síntomas leves y pasajeros. Son la mayoría de los que aparecen en esta enfermedad que, sin embargo, nos tiene desconcertados todavía. Ahora es imposible acreditar las hipótesis con evidencias, como tampoco nos podemos ceñir a lo ideal, sino buscar lo más práctico. Surgen las dudas: ¿hospitales de campaña para tener más pacientes supervisados o mantener los centros de salud sin restarles personal?, ¿aislamientos vigilados en hoteles o confiamos en los domicilios?, ¿ir a ver a más pacientes de los que se están viendo, hasta que se acaben los equipos de protección, o casi todo por teléfono con los riesgos que eso entraña? Preguntas que asaltarán a los gestores de esta crisis. Claro que ha habido errores, algunos garrafales, pero hoy quería ponerme en su lugar. No dudo de que están buscando material de calidad hasta debajo de las piedras, test homologados y profesionales capacitados. Imagino que no es necesario un requerimiento judicial, como los que algún gobernante ha recibido, para que intenten cubrir las carencias que existen. Luego ya veremos, pero ahora interesaría más tenerlos centrados en la búsqueda de soluciones, y que se olvidaran también del dichoso relato, según el cual importa más cómo lo cuentas que lo que realmente haces. La propaganda de toda la vida. La mentira, vaya. El desprecio culpable de la verdad.