Compartiendo cuarentena.

Amigo me encuentro sumido en la vorágine de la pandemia, confinado, enclaustrado, jugando en el jardín a la pelota con el Levi, cocinando macarrones con chorizo, clasificando tuercas y tornillos, limpiando el garaje de trastos… Bromas a parte: somos unos afortunados. Vivimos al lado del río a tres o cuatro tiros de piedra de la Flecha “cuyo sosiego cantó el maestro Fray Luis de León”. Por desgracia, de bucólico poco queda. Un camping, hoy vacío de guiris, ocupa el paraje. El Mussi, que tu conoces, me aconsejó, días antes de venirme, meter al body unos chupitos every day. Dice que eso acaba con todos los virus. Le creo a pies juntillas. Como es búlgaro usa vodka y yo aguardiente peleón. Ves, en estos pequeños detalles percibo las insalvables diferencias culturales que dividen a la humanidad.

Sigo desde lejos los avatares políticos. Los políticos de aquí me aburren sobremanera. Por comisión u omisión se cargaron la sanidad pública y ahora resulta que no tiene ni para comprar rollos de papel higiénico. Es un decir bastante aproximado. No podía ser de otra manera. Esos señores se la llevaron crudo. En los tiempos de bonanza metió mano en la hucha todo quisqui: los gobernantes, sus amiguitos, sus amiguitas, sus cuñados, yernos, hijos, e incluso, nietos. Hasta nuestro emérito se permitía el lujo de hacer a sus amantes donaciones astronómicas. ¿De dónde sacó el parné? Misterio en el cuarto amarillo. Por ahí se dice que su primogénito no tenía pajolera idea de tales trapisondas. De hecho, a efectos de convencer a tanto descreído, se mandó un comunicado que no tiene desperdicio. Te lo resumo: Freud, una vez más, triunfa: "el hijo mata al padre". En esta ocasión, no por practicar incesto y sí por conservar la corona. "Es mía, sólo mía…mi tesoro" (Gollum).

Total, como dice el proverbio: “Lo que siembras recoges”. ¿Y qué se está cosechando? Carestías varias. Los pobres médicos y médicas, enfermeros y enfermeras, limpiadores y limpiadoras no dan abasto. Llegó el tsunami y nos pescó solazándonos en la playa. Ni te cuento de los “recortes” en investigación y ciencia. Lo mejorcito que teníamos se nos fue para las Europas. Nos hemos quedado a dos velas. Por suerte, tenemos unos políticos en extremo inteligentes. Capaces de sacar un máster en un plis plas. De momento alguno de ellos está opositando. Sin embargo, cuando “toque poder” lo arreglará todo en otro plis plas.

Me viene a la memoria algo del Eclesiastés: “Todo tiene su tiempo”. Así es: un tiempo de vacas gordas y otro de flacas. Parece que nos toca vivir este último y me temo, a la vuelta de la esquina, de flaquísimas. No será igual para todos, no te engañes, la flacura se predica para los flacos y no para los orondos. Aquellos, una legión y éstos, una minoría selecta. Acordate de lo que nos enseñaban en los años mozos: “Al que tiene, se le dará más, y al que no, aun lo que tiene se le quitará”. Amén.

Me resisto a aceptar ese enfático “amén”. Soñemos un poquito. Pasada la hecatombe los españoles habremos aprendido algunas cosas, pequeñas pero esenciales. Un sensato periodista, llamado Iñaki Gabilondo, las resume así: “Regatear en sanidad y educación es un suicidio”.

Por lo demás, los de mi quinta están cayendo como moscas. Los holandeses, que son bastante roñosos y un pelín…, aconsejan dejar en sus domicilios a los provectos infectados. Así, aseveran, se beneficiarán de las ucis los jóvenes y de paso se ahorrará al erario un montón de pasta. A esto se le llama “eugenesia”. Me imagino, que detrás vendrán los inmigrantes y otras gentecillas pertenecientes a etnias exóticas. Parecidas opiniones, en la mi Patria, son las sostenidas por un conocido político. Tal joven, airado, tonante e histriónico, exige al gobierno dejar de atender gratuitamente a los ilegales. Naturalmente, los que tienen dineros en cantidad dejan de ser viejos, moros, venezolanos u oriundos de Guinea Ecuatorial. La riqueza eleva al que la detente a los altares. Ves, una muestra de democracia pura y dura.

Como no tengo disponible la bola de cristal, te dejo. Me refiero a eso de hacer cábalas. ¿Quién ganará el duelo de titanes? ¿Tendremos que aprender chino mandarín o será suficiente con el simplificado? ¿Me haré con unas gallinas? ¿Sembraré unas cuantas patatas en el jardín?

¡O Lago, the pity of it, Lago!  (Othello, acto 4. Shakespeare) Eso: ¡Oh, amigo, qué tiempos lastimosos nos han tocado vivir!