Miércoles, 1 de abril de 2020
Ciudad Rodrigo al día

Carta de amor y de dolor para Agustín Sánchez ‘Moriche’

Santiago Corchete Gonzalo se despide en este artículo de uno de los mirobrigenses más destacados de las últimas décadas

La muerte de un ser querido siempre es una raspadura que nos hiere el corazón; y cuanto más querido, la mordedura es más seca, más honda e inabarcable: ¿cómo entonces poder y saber explicitarla?

Distanciados en edad apenas unos seis-siete años, quién de nosotros puede olvidar la apolínea musculatura de aquél “Tote” (de fuertote) en su chapuzón cotidiano de los atardeceres estivales de “Los Cañitos”?; o lanzando pleno de vigor juvenil la jabalina en los anchurosos fosos aledaños a la Puerta del Sol mirobrigense? ¿O aquellos años futboleros en los que ambos coincidíamos al ser alineados conjuntamente por el “mister” señor Oliveira, ora fuese en el campo de fútbol “Francisco Mateos” o incluso en las localidades portuguesas de Lousá, Gouveia o Seia, defendiendo los colores blanquinegros del Ciudad Rodrigo C.F. y el orgullo de ser mirobrigenses?

Luego nos alejamos físicamente porque yo hube de partir para Madrid a cursar estudios universitarios en la Universidad Politécnica, y al egresar de la misma en 1961, salir dispersado hacia diversas provincias españolas para llevar a cabo el desempeño laboral profesional de tales aprendizajes agrarios. Mas todos los veranos acudía a la patria chica para pasarlos con mis familiares y amigos “de toda la vida”, y a ponerme al día de vuestras múltiples actividades cívicas en pro de Miróbriga… así como de tus geniales iniciativas estéticas y funcionales destinadas a hermosear y engrandecer nuestra querida ciudad, casi siempre ¡ay! tan desoídas y ninguneadas por los gobernantes de turno, quienes no sabían ni querían entenderlas; incluso parecía que los abrumabas con la hermosura, corrección y galanura de tu insistencia. Casi otro tanto le pasó a José Mª “Pesetos”. Y es que, como dejó escrito el poeta surrealista extremeño M. Pacheco: “Para matar el cáncer no bastan las libélulas / ni se les puede echar de comer margaritas a los cerdos”. ¿Quién salió perdiendo con semejante proceder? Naturalmente, Ciudad Rodrigo.

Después y mientras tanto, acudió a consolarte en esta terrenal vida el mismísimo espíritu santo con el lindo cuerpazo y nombre de María Jesús. Más tarde os llegaron vuestros hijos María Jesús, Agustín y Nuria, pero tú continuaste sembrando ilusiones a troche y moche, siempre inasequible al desaliento que, sin casi tú saberlo, fueron creando escuela. Sí, sí Agustín, te aseguro que sí; conozco y reconozco muy bien sus valores y capacidades, sus nombres y apellidos. Son espléndidos. Tiempo al tiempo. Porque parece que la gobernanza pública local ha pegado un cambiazo en los últimos cuatro años. Ojalá continúe así de cierto. Es precisamente a la actual, porque le pertenece y  corresponde, a quien apelo para sugerirles que, al menos la plazuela que ha surgido a las traseras del Teatro Nuevo, colindante con la vivienda donde residieron Agustín y Mº Jesús con sus tres hijos, la cual por cierto se halla aún sin “bautizar” reciba oficialmente el nombre de “Plazuela Agustín Sánchez “Moriche” en recuerdo de gratitud a su memoria de enamorado de Ciudad Rodrigo.

Finalmente, María Jesús, emocionadamente te digo: apoya tu inmenso dolor en mi hombro porque acaso más pronto que tarde vayamos nosotros también a acompañarle. Te quiero.

Santiago Corchete Gonzalo