Domingo, 29 de marzo de 2020

Ni podemos ni debemos 

Ha llegado la primavera y se ha encontrado con los parques sin niños, con las calles solitarias y con los bancos vacíos: estamos confinados en casa y ni podemos ni debemos salir a recibirla.

En breve nos cambiarán la hora y ni siquiera preguntaremos si hay que atrasar o adelantar los relojes como preguntamos cada vez que hay que hacerlo porque siempre se nos olvida: estamos confinados en casa y ni podemos ni debemos salir a cumplir con nuestras tareas habituales.

Como por arte de magia ha dejado de importarnos que amanezca un día primaveral, veraniego, otoñal o de pleno invierno: estamos confinados en casa y nos da igual que salga el sol o que caiga una nevada porque ni podemos ni debemos salir a la calle.

Después de nueve días de reclusión ya no sabemos si es lunes, jueves o domingo, pero nos da igual: es el día de quedarnos en casa con un libro, atendiendo las llamadas de los que se interesan por nosotros, llamando a los demás para interesarnos por ellos, con nuestras tareas domésticas, pendientes de las noticias, pensando en los que tienen que salir a trabajar, en los que no tienen una casa donde quedarse, en los enfermos, en sus familias y en los que tienen que morir solos,  como lo serán todos hasta que este virus que de la noche a la mañana nos ha cambiado la vida a todos se muera de una vez y nos deje vivir en paz.

Aunque para los cantamañanas que siguen empeñados en saltarse las normas a la torera sea una tragedia no salir de casa más que para lo imprescindible, es una gran suerte poder hacerlo porque es lo más eficaz para evitar contagiar y ser contagiado, que es lo que deseamos para todos, incluso para ellos.