Domingo, 29 de marzo de 2020

Señor Maestro

“Cuando te sientas asfixiado por los tontos, recuerda que la estupidez siempre empuja para estar en primera fila, pero la inteligencia y la sabiduría se quedan drtrás para observarla caer”

ENTRE PUENTES

SEÑOR MAESTRO

No cabe duda, que los maestros son algo absolutamente necesario. Y no me refiero ya a los maestros que “desasnan” niños en las escuelas, que también son muy importantes, desde luego, sino a las personas que vas escogiendo por ti misma para aprender de ellas. Uno llega al mundo cargado de una ignorancia monumental, que algunos piadosamente, dan en llamar inocencia; y al final de la vida, si tienes suerte y te has aplicado, si has vivido lo suficiente, te has cultivado, y has reflexionado y escuchado a los demás, lo cierto es que consigues aprender algunas cosas; por lo menos lo ignorante que eres, lo cual ya es una enseñanza bastante buena.

Envejecer te hace más sabio. En fin este es el proceso habitual, aunque desde luego algunos individuos se empeñan en perpetuarse como imbéciles. Pero la mayoría de los humanos, me parece, que vamos experimentando con los años algo semejante a un acrecimiento del cerebro. Es como si, de repente, se colaran los datos dentro de tu cabeza y empezaras a entender mejor el mundillo que te rodea y te ha tocado vivir.- Siempre he dicho que hasta los cuarenta, el hombre no dice más que tonterías-, no estás centrado, no terminas de tener fundamentos, serios y rigurosos. El primer salto grande en mi comprensión de las cosas lo sentí pasados los treinta, y por mis conversaciones con otras personas me parece que a muchos les sucede lo mismo en la misma época. Eso: como digo antes, siempre que estés un tanto preparado, vivido, cultivado incluso leído. Luego tu entendimiento sigue creciendo; el entendimiento de ti mismo de tus actos, de los actos de los demás. Envejecer es un proceso inevitable que tiene muy poca gracia, porque te vas despeñando hacia el final de la vida, y en el camino te obliga a despedirte de innumerables cosas; de un futuro limitado, de los seres queridos que desaparecen, de tu pelo, de tus dientes, tu cuerpo firme y sano… Pero, por lo menos, sabes más. Las nalgas se te caen, pero el conocimiento sube. Es en mi opinión la única ventaja que le encontrado a envejecer, pero es una ventaja poderosa.

Ahora bien, para que  suceda esto, para que el cerebro crezca, y tu poder de raciocinio funcione, necesitas aprender de los maestros. Ningún libro, por maravilloso que sea, te puede proporcionar esa lección jugosa que da el contacto con alguien, el ejemplo de sus actos y de sus palabras. Ver como otros, mayores que tú en edad y aptitudes, van gestionando su vida, es algo que enseña mucho si estas atento, cómodo e interesado. Y lo más fascinante es que esa enseñanza no siempre es de tipo positivo.

Cuando hablamos de maestros solemos pensar inmediatamente en hombre o mujeres excelsos, en sabios impecables, ciudadanos perfectos. A decir verdad la palabra maestro está un poco hipertrofiada; se suele usar con demasiada pompa, con demasiada frivolidad, y toda esa impostación lleva a la hipocresía; más de una vez hemos visto a un periodista,  escritor o amigo pueril y cursi palmeando la espalda de un colega al grito adulador “¡Que tal, maestro!”, cuando incluso, no podía verlo ni en pintura, y le tenía una tremenda tirria. Pero en fin vaya por esos maestros, que he tenido y tengo, de los que he aprendido lecciones esenciales e inolvidables, son maestros de ejemplos vivientes de lo que uno, no debe hacer jamás… Que conste que no es fácil ser maestro. El mundo está lleno de malvados y papanatas que cometen todo tipo de necedades y tropelías, y esa gentecilla nunca te enseñara nada.- Se lo digo siempre a personas más jóvenes, tan solo con el afán de ayudarlas, aunque lamentablemente pocas son las que hoy saben escuchar, algunas llegadas al  convencimiento  de su propia valía,  ya no escuchan a nadie (con lo cual  pronto se convertirán en un/a idiota), no tienen en cuenta  que el ensimismamiento y el egocentrismo son riesgos tan grandes que  pueden triturar, hasta a los más sabios, y por lo tanto tú, con mediana inteligencia, tienes que esforzarte, en soslayar los defectos. Ah, maestros de siempre, os expreso mi afecto y gratitud, por ser la luz que mostraron mi camino. “ Y aún así no dejo de tropezar… Tu”

 

                Fermín González Salamancartvaldia.com                      (blog taurinerías)