Jueves, 2 de abril de 2020

Diario de la cuarentena. Día 1.

A media mañana, una sombra avanza rápida cubriendo los campos frente a mi casa y me estremezco; tardo en percibir que son las nubes, rápidas, que cubren el sol. Hölderlin, que vivió la segunda mitad de su vida recluido conviviendo pacíficamente con la locura, habló en uno de sus poemas de esa segunda época de la “enorme y cenicienta bóveda”. Lo he visto muchas veces: el amarillo luminoso del campo se cubre y se transmuta en un oscuro verde, aunque, sin darme cuenta, pronto vuelve a estar claro como siempre, como es en realidad. Ese paso de las nubes es cíclico, todo en la vida lo es, toda vida es, en cierto modo, simétrica y circular.

Ayer comenzó todo y este fin de semana ha sido distinto, raro como un día de niebla que no viésemos aclarar. Como una tormenta de arena que destruye nuestro trabajo callado del invierno y todos nuestros anhelos de la primavera naciente. La naciente cuarentena cobra desde hoy significado aún desconocido que otorga una solemnidad especial a la cuaresma de este año 2020.

Un día como hoy, hace 360 años, moría Luisa de Marillac quien, en una de esas singulares simbiosis tan frecuentes entre personas de intensa fe y espiritualidad, fundaría junto a Vicente de Paúl, en la Europa desolada de la Guerra de los Treinta Años, la congregación de las Hijas de la Caridad. ¿Qué recordarán los siglos venideros que aportamos nosotros al futuro en estos días de asombro y confusión?

foto: Asunción Escribano