Domingo, 29 de marzo de 2020

Pereza ante lo que sucede

Cuando me senté a redactar estas líneas pensé que sino trataba  sobre el coronavirus – único tema que parece ser de interés público y también privado, en estos días – estaría fuera de la realidad social.

Pero a continuación me di cuenta de que todas las cosas serias que había que decir sobre esta pandemia ya estaban dichas por los expertos, y todas las tonterías también, en este caso difundidas por los muchos bocazas que impunemente pululan por las redes sociales y a los que, por cierto, yo propondría se identificara y sancionara por difundir medias verdades o noticias sencillamente falsas. No debe resultar difícil hacerlo pues sus presuntos delitos siguen corriendo libremente. Para estos, yo propongo una sanción doble, una por la propagación de información mentirosa y otra, mucho mayor, por imbéciles. 

Así que visto lo visto me decidí por recordar algunos temas que me parecen de gran interés y que han sido también víctimas de este maldito virus venido de oriente, pues también atentan directamente la vida de muchos miles de personas llegando a ocasionar multitud de muertes.

Juan José Millás afirmaba, hace ya tiempo en un durísimo artículo, que le estaban entrado ganas de “desapuntarse” del género humano porque nos estamos mal acostumbrando a todo lo que sucede a nuestro alrededor viéndolo como normal, y gritaba ¡Qué tiene que ocurrir para que se nos revuelvan las tripas, para que saltemos del sillón!

Hace apenas unos días, el presidente turco Erdogan, abrió las fronteras de Europa a miles de inmigrantes sirios que custodiabadejaba mal vivír sería un término más exacto - en su país en virtud de un vergonzoso acuerdo generosamente subvencionado con 6.000 millones de euros por la Unión Europea. Y lo hacía como medida de presión para obtener ayuda en su enfrentamiento con el régimen sirio ¿puesde haber algo más ruin y rastrero que utilizar como moneda de cambio para un descarado chantaje a personas humanas que se han visto obligadas a abandonar su país huyendo de la violencia y la muerte?. El resultado era de esperar, el presidente Erdogan seguro que también lo esperaba. Mientras los países europeos temblaban ante una nueva oleada de refugiados y hacían oídos sordos, los refugiados fueron rechazados de forma contundente en la frontera griega con medidas durísimas de represión que tumbaron, otra vez más, sus escasas esperanzas de alcanzar una mejor vida. ¿Y ahora qué?

La epidemia de ébola en la República del Congo, ha matado ya a más de 2.250 personas en el último año, es la mayor desde 2014, cuando otro brote del virus causó 11.000 víctimas en varios países africanos. La lucha contra este nuevo azote de la enfermedad se realiza en medio de un largo y cruel conflicto armando que obliga a la gente a abandonar sus lugares habituales de residencia ocasiona la rápida expansión de contagio. Además el sarampión, el pasado 2019, puso fin a la vida de más de 6.000 personas, de las 4.500 eran menores de 5 años. Pero… ¡cómo nos vamos a ocupar de esto con los problemas que tenemos aquí!.

Son sólo dos ejemplos de las otras víctimas del coronavirus. Y es que estas sociedades, que entre todos hemos construido y sostenemos, son cada vez más desiguales, una desigualdad que crece año tras año entre países, entre colectivos, entre personas. Las disparidades de ingresos y la falta de oportunidades están creando un círculo vicioso de desigualdad, frustración y descontento entre generaciones, afirma el Secretario General de la Naciones Unidas, Antonio Guterres. Una afirmación que comparto enteramente porque en el fondo de todo conflicto social, económico o político, si nos tomamos la molestia de arañar un poco la superficie, podemos encontrar como causa principal de los mismos la desigualdad, desigualdad que no se soluciona con caridad, sino con justicia.

No es justificable ni socialmente, ni políticamente, ni moralmente, ni éticamente, ni desde ningún “mente” imaginable, que el 1% de la población más rica de este planeta posea más del doble de riqueza que tienen 6.900 millones de personas, como pone de manifiesto el último informe Oxfam Internacional[1]

Pero estas situaciones, también otras muchas, son tan reales como dramáticas y han sido desplazadas de todo foco de interés, si es que alguna vez lo estuvieron. Estos asuntos no aparecen en nuestros sobrecargados grupos de wasap, no son de interés para los influencer, no nos pasan likes sobre ellos, no se habla de ellos en Facebook ni twitter, no hay fotos en Instagram, ni aparecen como hashtags o etiquetas, y al no hacerlo simplemente no existen

Aldous Huxley, escritor británico y autor de la novela Un mundo feliz, afirmaba que La realidad no es lo que nos sucede, sino lo que hacemos con lo que nos sucede. Lo que he tratado de contar brevemente también está sucediendo hoy en el mundo, por tanto la pregunta es ¿qué hacemos con lo que sucede, con lo que nos sucede? Lo más probable es que nada. Me apunto a la suposición de Jean-Paul Sartre, que dejó escrito: Supongo que es la pereza lo que hace que el mundo sea igual día tras día.